Nuestra sumisa

1185 Words
BLAKE Tres semanas después. Llamé a la puerta del despacho de Sandro y entré sin esperar a que me respondiera, ya que normalmente nunca lo hace. —¿Qué quieres, Blake?—, refunfuñó Sandro sin levantar la vista, mientras seguía escribiendo en su ordenador portátil. Su actitud distante y su falta de habilidades sociales no son nada nuevo para mí. Ha sido así desde que éramos niños. —Alguien se está cansando de todas esas sesiones nocturnas de paj4—, comenté, lo que me valió una mirada fulminante por su parte. Cuando se pone así, suele ser porque lleva tiempo sin experimentar el placer s****l que le proporciona el contacto con una mujer. Lo que significa que es hora de que empecemos a buscar una nueva compañera con la que jugar. Tuvimos una hace un año, pero se enamoró de un abogado que conoció en un bar y ahora está felizmente casada y esperando un bebé. No hemos sabido nada de ella desde entonces. No es que nos importe. Todas nuestras parejas son libres de hacer lo que quieran. La relación que tenemos con nuestras parejas no es del tipo amo-esclavo. No creemos en controlar todos los aspectos de la vida de nuestra pareja. No digo que no haya dominancia y sumisión en juego, pero queremos que nuestra pareja se sienta lo más cómoda posible. Lo que significa permitirles la libertad de tomar sus propias decisiones. —He estado pensando en nuestra búsqueda de una nueva pareja—, digo, apoyándome en la pared detrás de mí. —¿Qué tal Nisha?—, sugiero. —No. —¿Por qué no? Es la candidata perfecta. —Es nuestra invitada. No nos f0llamos a nuestras invitadas. Resoplo molesto y cruzo los brazos. —Tú y tus m4lditas reglas. Hace un mes que Nisha y sus hermanas se mudaron a vivir con nosotros. A estas alturas, es más una compañera de piso que una invitada. Además, sé que la verdadera razón por la que las dejó quedarse aquí fue por Nisha. Él se siente tan atraído por ella como yo. —Ella está fuera de los límites. Fin de la discusión. * No creo que ninguno de los dos podamos mantener nuestras manos alejadas de ella. Sandro puede que tenga un poco más de autocontrol que yo, pero eso solo dura un tiempo. No veo ningún inconveniente en que Nisha sea nuestra nueva compañera. Ya vive con nosotros y tiene todas las cualidades que ambos encontramos muy atractivas en una mujer. Y además, sé que Sandro se muere por tenerla. Vi cómo la miraba cuando la vio por primera vez. Se muere por tenerla sobre su p0lla tanto como yo. —¿Por qué tarda tanto?—, refunfuñó Sandro, impaciente, mientras se ajustaba los gemelos de su traje n***o de tres piezas. —Ni siquiera sé por qué la has invitado a venir con nosotros. —Porque quedaría genial a tu lado y lo sabes. Sus socios, así como muchos de los empleados de la empresa, dan por hecho que es gay, porque nadie lo ha visto nunca con una mujer. Por supuesto, él no sabe lo que piensan de él. Y yo tengo intención de que siga siendo así. Incluso cuando nuestra anterior pareja vivía con nosotros, rara vez nos veían con ella en público. Sandro cree que las relaciones son una pérdida de tiempo, por eso empezamos a acostarnos con mujeres al azar. Prefiere f0llar con tantas mujeres como le apetezca sin ataduras. Mi opinión es un poco diferente a la suya. En algún momento de mi vida me gustaría sentar cabeza y formar mi propia familia. Cuando encuentre a la mujer adecuada, haré precisamente eso. Pero hasta entonces, seguiré disfrutando de la compañía de muchas mujeres. —Tiene diez segundos para bajar aquí o no va a ir. —Disculpe, señor Herrera. Teníamos un problema con la cremallera—, dijo Tyla, justo cuando giramos la cabeza hacia la escalera. Cuando Nisha bajó las escaleras con un vestido n***o ajustado y lleno de lentejuelas, de repente me costó cada vez más respirar. Sus pechos turgentes y flexibles parecían a punto de salirse del vestido. J0der, me encantaría tenerlos en mi boca. Mis ojos se posaron en la abertura que parecía burlarse de mí con cada paso que daban sus largas y esbeltas piernas. La sangre se me subió inmediatamente a la cabeza del p3ne y tuve que ajustarme para minimizar la incomodidad en los pantalones. Mientras bajaba, sus mejillas se sonrojaron. Sus labios estaban pintados de rojo cereza, mi color favorito. Se mordió el labio inferior e inmediatamente sentí un fuerte impulso de besarla. Aparté la mirada de ella para mirar a Sandro, que también parecía haberse dado cuenta de lo sexy y f0llable que estaba en ese momento. —J0der—, gimió en voz baja. Una sonrisa se dibujó en las comisuras de mi boca mientras volvía a centrar mi atención en Nisha. —¿Qué te parece?—, preguntó ella, bajando del último escalón y girándose completamente para que pudiéramos verla mejor con el vestido. J0der. Su cul0 se veía tan delicioso y firme con la forma en que el vestido se ajustaba perfectamente a las sutiles curvas de su cuerpo. Quería arrancarle el vestido, así que decidí contenerme y no tocarla para evitar hacerlo. —Estás preciosa—, le dije con una sonrisa. —Gracias—. Se volvió hacia Sandro con la esperanza de escuchar su opinión. —Sandro, ¿qué te parece? ¿Te gusta? Sus ojos azules recorren su cuerpo por última vez. Abre la boca y parece que va a halagarla. Pero entonces se da la vuelta y se aleja, dejando que su naturaleza obstinada vuelva a imponerse. —Vamos a llegar tarde. Noto la mirada triste de Nisha y casi extiendo la mano para tocarle el hombro en un intento de consolarla, pero rápidamente cierro el puño y mantengo el brazo pegado al costado. Tengo que recordarme a mí mismo que no debo tocarla. Porque si lo hago, me la voy a f0llar... con fuerza. —No te lo tomes como algo personal, Nisha. —Pero es que es un idiota—, dice ella poniendo los ojos en blanco. Me río por lo bajo. Si ella fuera nuestra y él la hubiera oído decir eso, la habría encerrado en su habitación y le habría hecho arrepentirse de cada palabra. Ella podría ser nuestra. Podríamos estar arrancándole este vestido y haciendo lo que quisiéramos con su cuerpo en lugar de ir a esta aburrida fiesta de la oficina. Si pudiera, ahora mismo estaría haciendo lo que quisiera con ella. Pero él es el jefe. Yo solo soy el guardaespaldas contratado no solo para protegerlo, sino también para seguir todas sus reglas y hacer todo lo que me pida. —No te preocupes por él, Nisha—, le digo, acompañándola al coche sin tocarla. No sé cómo lo he conseguido. —Creo que estás increíble. —Gracias, Blake. Al menos uno de ustedes sabe cómo halagar a una dama.
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