Mi turno llegará pronto

1490 Words
NISHA A la mañana siguiente me costó mucho mantener el contacto visual con ellos. Mantenía la cabeza gacha cada vez que hablábamos, porque lo único en lo que podía pensar al mirarlos era en la sesión de la noche anterior. No creía que fuera tan obvio que estaba tratando de mantener el contacto visual al mínimo hasta que Sandro me llamó a su oficina. Dejé su café sobre su escritorio y me dispuse a sentarme. —No, no te sientes. Ven aquí. Tragué saliva, sintiéndome de repente muy pequeña entre ellos. Sintiendo la mirada de Blake sobre mí, me mordí el labio y mantuve la cabeza gacha. Estaba de pie frente al escritorio de Sandro, con el corazón latiéndome con fuerza. No sé por qué me siento tan nerviosa. Era como si me hubieran quitado la confianza después de lo que pasó anoche en el sótano. —Estás nerviosa—, señaló. —¿Por qué? Negué con la cabeza, sin saber muy bien cómo responder. No sabía por qué. Quizás era porque nunca antes había tenido una relación s3xual con dos chicos. Y creo que la realidad de la situación finalmente estaba empezando a afectarme. —Mírame cuando te hablo, Nisha—. Levanté lentamente la cabeza y me encontré con su mirada intensa. —¿Estás teniendo dudas? —No—, respondí con bastante rapidez, sonrojándome. —Quiero decir, los deseo—. Miré a Blake. —A los dos. —Quizá se sentiría menos nerviosa si la lleváramos a Deviant—, sugirió Blake. —No está preparada para eso—, respondió Sandro, sin apartar los ojos de mí. —¿Deviant? —repetí—. ¿Qué es eso? —Es un club s3xual—, respondió Blake. —¿Un club s3xual? —Mhm. ¿Te interesaría ir esta noche? —Yo... —Ella no va a ir—, gruñó Sandro. —Pero yo quiero—, les dije. Sandro negó con la cabeza. —No. —Ella puede tomar sus propias decisiones, Sandro. Si quiere ir, déjala. Es una mujer adulta. Él resopló. —Está bien. * Quizás Sandro tenía razón. Definitivamente no estaba preparada para ir a un club como ese. Blake notó mi nerviosismo y me tomó de la mano. —¿Quieres irte?—. Negué con la cabeza y él asintió. —De acuerdo. Si quieres irte, solo aprieta mi mano, ¿vale? Asentí una vez más y seguí a Sandro hacia las profundidades del nido s3xual. Había gente semidesnuda y completamente desnuda por todo el oscuro club. Vi parejas, swingers e incluso a una mujer con cuatro hombres a la vez. Caminamos por un pasillo, pasando por habitaciones con grandes ventanas de cristal que mostraban a diferentes personas realizando diferentes actos s3xuales. Había mucho cuero, junto con látigos y otros juguetes s3xuales que yo había visto antes y otros que no. Jadeé y salté hacia los brazos de Blake cuando vi cómo un tipo abofeteaba con fuerza a la mujer que estaba con él. Miré a mi alrededor, esperando que alguien la ayudara. Pero entonces ella sonrió y le dijo que lo volviera a hacer. Blake me agarró por la cadera y me dio un apretón reconfortante. —No te preocupes—, me susurró, rozándome la curva de la oreja con los labios. —Sandro y yo nunca te pondremos las manos encima, a menos que sea para darte unos buenos azotes. —Aquí dentro—, indicó Sandro, deteniéndose frente a una habitación privada. Entré en la habitación de color rojo oscuro, sin soltar la mano de Blake. La habitación estaba amueblada como si fuera una habitación de hotel. Había una cama de matrimonio en el centro y un sofá de dos plazas de color rojo intenso en la esquina. Mi atención se detuvo en la pared llena de juguetes s3xuales antes de que Blake me llevara suavemente al sofá. —Aquí es donde pasaremos nuestro tiempo cada vez que vengamos. Es cómodo y está alejado de miradas indiscretas. Sandro se sentó en la cama, tirando de su corbata. —Aunque se nos han presentado muchas oportunidades, hemos decidido no participar en nada que no sea entre nosotros. Sus ojos recorrieron lentamente la longitud de mi pierna, fijándose en las medias transparentes que llevaba debajo de mi vestido n***o de un solo hombro. —No nos gusta compartir a nuestra chica—, dijo en voz baja, volviendo a posar sus gélidos ojos azules en mí. —Pero nos gusta presumir de ella—, añadió Blake. —¿Qué quieres decir? Blake sonrió, se puso de pie y me tiró de él. —Ven. Te lo mostraremos. Me llevó de vuelta al pasillo, pasamos junto a una multitud de personas antes de entrar por una puerta privada custodiada por un hombre corpulento con el ceño fruncido permanentemente. Mis ojos se abrieron como platos al ver a un pequeño grupo de personas sentadas en reservados con bebidas en la mano y la mirada fija en el hombre y la mujer que estaban en el escenario. De repente, me costaba controlar la respiración y sentía cómo se me calentaba parte del cuerpo mientras veía a la pareja del escenario f0llar como animales salvajes. Se miraban profundamente a los ojos como si no los estuvieran observando veinte pares de ojos. Era algo hermoso. Seguí a Sandro hasta una mesa libre en la primera fila y nadie pareció prestarnos atención cuando nos sentamos. Tenía la cara roja como un tomate, y los gemidos y gruñidos del hombre y la mujer en el escenario llenaban la sala en silencio. Blake, que estaba a mi izquierda, me agarró por la cintura y me sentó en su regazo. —¿Qué estás haciendo?—, le susurré, mirando a mi alrededor para asegurarme de que nadie nos observaba. A nadie le importaba, todos tenían la atención puesta en las personas del escenario. Al meterme la mano entre los muslos, maldijo. —¿Dónde están tus bragas, cariño? —Decidí no ponérmelas. Sandro todavía no me ha devuelto las bragas que me quitó. Eran unas de mis favoritas. Así que, para evitar que me robara otro par de mi ropa interior buena y cara, pensé en ir un paso por delante de él. Me dio una palmada en la v4gina y yo me estremecí contra él. —Qué traviesa—, murmuró. Al introducir un dedo, lo apreté y gemí. No fue lo suficientemente fuerte como para llamar la atención y, sin embargo, ahora había varios pares de ojos fijos en mí. —Nos están mirando, Blake—, gemí retorciéndome, luchando por mantener mi volumen al mínimo para no llamar más la atención. —¿Quieres que pare? Me tomé un minuto para pensar en su pregunta. Una parte de mí quería salir de allí, con la forma en que me miraban. Pero la otra parte no podía ignorar la forma en que mi interior se agitaba de excitación al ser observada. Ni siquiera era el entretenimiento y, sin embargo, conseguía llamar la atención del público. Y aunque había ganado algunos fans, su atención no me excitaba como esperaba. Mi mirada se desvió hacia Sandro, cuyos ojos se centraban en la forma en que Blake me f0llaba lentamente con los dedos. Sus ojos se posaron en mi boca cuando gemí. Esta vez, el sonido había sido lo suficientemente fuerte como para atraer a casi la mitad del público. Se oyeron murmullos por toda la sala y una pareja empezó a besarse al vernos a Blake y a mí. —Parece que tenemos algunos admiradores —susurró Blake—. ¿Les damos un espectáculo a ellos y a Sandro, mi dulce Nisha? —Mhm. Al introducir otro dedo y bombear más rápido, solo pude gemir por el placer que recorría mi cuerpo. —¿Vas a hacernos sentir orgullosos y correrte, nena? —Sí—, logré articular, arqueando la espalda y echando la cabeza hacia atrás. Incliné la cabeza hacia atrás, entreabrí los labios y gemí y jadeé ruidosamente. No me importaba quién estuviera mirando, sobre todo cuando los dedos de Blake me hacían sentir tan bien acariciando mi punto. —Eso es, amor—, susurró Blake, bajando la cabeza de vez en cuando para dejar suaves besos en mi cuello. —Córrete para nosotros. Relajando las caderas, sentí que alcanzaba el clímax. Giré la otra mejilla y enterré la cabeza en la camisa de Blake. Un gemido tras otro brotó de mi boca, mientras Blake me agarraba la cadera y se llevaba lentamente sus dedos húmedos y relucientes a la boca. —Delicioso—, dijo con un gemido mientras se chupaba los dedos. —¿Quieres probarlo?—, le ofreció a Sandro, extendiendo la mano. Sandro negó con la cabeza, y su mirada penetrante me hizo tragar saliva y sonrojarme. —Mi turno llegará pronto.
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