Hola, Ismael. Hace un rato llegué de trabajar… y sí, sé que mis anécdotas laborales te deben importar muy poco. Sin embargo esta vez tuve un día de lo más peculiar. No me quiero adelantar a los hechos, así que mejor empiezo a contarte por el principio. La cosa empezó hace unos días, cuando me tocó atender a un tipo de unos cincuenta y pico. Un señor muy normal, con bigote y cabello entrecano. Me pareció muy simpático e incluso hizo algunos chistes mientras yo le mostraba distintos modelos de heladeras. Me emocioné porque él quería comprar una… y al contado. Vender un producto tan caro me ayudaría mucho a mejorar mi nivel en ventas, el cual es lamentable. Me da mucha pena admitirlo, pero el mes pasado fui la que menos vendí, y creo que este mes va a pasar lo mismo. Sinceramente no sé por

