Ser su amante. 🤠Aitiana Todo parecĂa un mal sueño, una de esas pesadillas absurdas de las que despiertas sudando frĂo, pero, para mi desgracia, era real. SĂ, estaba embarazada, y sĂ, estaba frente a un hombre que parecĂa más perturbado por mi estado que yo misma. El señor Eros, con su semblante altivo, me observaba como si acabara de cometer el mayor de los crĂmenes. Su mandĂbula se tensĂł y sus puños se cerraron con fuerza mientras caminaba de un lado a otro en su oficina. —¿De quiĂ©n es ese hijo? —soltĂł de repente, con un tono entre incrĂ©dulo y acusador. Me mordĂ la lengua para no responder algo que lo empeorara todo. TratĂ© de mantener la compostura, pero no pude evitar replicar: —¿Por quĂ© se preocupa tanto por mi embarazo? ÂżCuál es el problema, señor? —mi voz era firme, aunque por d

