Vivi estaba fuera, mirando las numerosas macetas que había plantado con Teo el otoño pasado, incluida su maceta. Debido a la ola de calor, todas tenían brotes verdes asomando; Teo, por supuesto, podía distinguir lo que eran con solo ver lo poco que se veía, pero a ella le parecían todas iguales. Estaba deseando verlas. Teo salió a reunirse con ella y la rodeó con un brazo mientras él también contemplaba las macetas. —Ooh, qué calentita estás—, comentó Teo, acurrucándose más cerca de ella. —¿Cómo es posible? No llevas nada puesto. —Las mujeres embarazadas dan calor, ¿no lo sabías?—, preguntó Vivi con una sonrisa. —Tiene que ver con que el bebé es una fuente de calor, además de todo ese exceso de sangre que bombea. El teléfono de Teo pitó al recibir un mensaje. Soltó a Vivi para mirarlo.

