—Creo que tenemos que levantarnos de la cama, Teo—, le susurró Vivi al oído. Teo murmuró en respuesta. Tenía el pelo completamente revuelto y estaba tumbado boca abajo, con las piernas abiertas, como una estrella de mar, sobre la cama, vestido solo con unos calzoncillos negros. ¿Cómo podía alguien parecer tan sexy durmiendo? Tenía la espalda ancha y, incluso en reposo, Vivi podía ver la bonita definición debajo de sus hombros, y le encantaba cómo se estrechaba hasta su cintura esbelta y sus caderas delgadas. Desde allí, se fijó en sus hermosos tendones, cómo sobresalían un poco, hasta sus pantorrillas. Y conocerlo ahora tan bien como lo conocía, conocer su cuerpo, la hacía sentir calor con solo mirarlo. Wow. —Teo —repitió—. Ya son más de las siete. Yo tengo una cita a las diez y tú a l

