Vivi estaba cruzando la calle cuando lo sintió. Se detuvo en la esquina, como si estuviera escuchando algo. Era como si alguien le estuviera dando golpecitos en la barriga con el extremo del borrador de un lápiz. Se quedó de pie, dejando que la gente la rodease, y lo volvió a sentir. Su bebé se estaba moviendo. Cruzó la calle corriendo y atravesó las puertas que marcaban la entrada a la universidad. Había quedado con Teo en las escaleras y no podía llegar lo suficientemente rápido. —¡Teo!—, gritó. Era un día claro de enero, casi templado para ser Nueva York. Debía de hacer cerca de diez grados. Teo se levantó de donde había estado sentado en las escaleras, esperándola. Llevaba sus habituales vaqueros ajustados, botas y un chaquetón n***o con una bufanda verde a juego con sus ojos. Viv

