Sedienta de sexo

1911 Words

Vivi se sentó en el inodoro y tiró de la cadena, mientras deseaba por enésima vez que la puerta del baño fuera una puerta de verdad y no una cortina. Ni siquiera podía vomitar en privado. Teo le dirigió una mirada de simpatía cuando ella entró en la sala de estar y le ofreció un poco de té. —Lo siento, debe de ser horrible y desagradable para ti—, dijo ella con voz suave y avergonzada. —Se supone que las náuseas solo duran el primer trimestre, así que solo serán unas semanas más...—, añadió con incertidumbre. —Por favor, no te disculpes por estar enferma—, respondió Teo con la misma suavidad. Estaba de pie junto a la ventana, mirando hacia la pequeña terraza y el jardín. En ese momento, se había apartado de la ventana y la miraba con sus ojos verdes enmarcados por unas pestañas gruesas

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