—He estado pensando en nuestra situación—, comenzó Vivi sin preámbulos. Teo la miró. Estaba sentado en su lugar habitual, cerca de la ventana, con un lápiz en la boca mientras tocaba algo en su guitarra. Era precioso. Vivi había notado que últimamente pasaba cada vez más tiempo trabajando en cosas que no le resultaban familiares, y supuso que estaba componiendo más. ¿Quizás nuevas canciones para Tamara? ¿O sobre ella, al menos? Pasaba horas fuera del apartamento todos los días, y Vivi ya no le preguntaba adónde iba. Apenas interactuaban, y eso estaba matando a Teo. Su cama, que antes era un lugar cálido y cercano donde se tocaban y se abrazaban, se había convertido en una tierra de nadie llena de soledad, donde él intentaba, noche tras noche, dormir sin tocarla. Podía ver cómo crecía su

