Taehyung estaba frito. Extremadamente frito. Nunca pensó que caería tan bajo y sin embargo, aquí estaba, hundido en lo más profundo del pozo que Jeon Jungkook había generado con —aparentemente— su simple existencia. Gracias a su estúpido resfriado, recibió atención inusual y constante por parte de Jungkook, quien visitó su departamento todos los días, sin excepción, llevándole comida, remedios y películas de comedia que le subieran el ánimo. Si se detenía a analizarlo, no había de qué quejarse. La intención del pelinegro era sincera y bonita. Fue la experiencia el problema, ya que ésta, por el contrario, fue horrible. En primer lugar: Jungkook realmente pensaba que Taehyung no podía usar sus manos ni siquiera para comer, por lo que lo alimentaba cual bebé, acercando la cuchara

