Gabriela 04/04/2020 Miré mi figura en el gran espejo y sonreí sin creérmelo. Llevaba puesto el vestido blanco, con mangas cortas y una cola inmensa. Mi cabello estaba atado en un moño perfectamente alineado. La tiara brillaba en medio de mi cabello y el velo que caía por mi espalda. El buqué en mi mano con las rosas rojas sobresalía. Miré a través de la ventana y el sol de la mañana me daba en la cara. El día estaba bastante perfecto y aunque la boda se haya aplazado hasta abril de este nuevo año, no me podía quejar porque todo estaba de maravilla. Bajé del pequeño banquito que habían puesto y me acerqué hasta salir del vestidor e ir al salón principal de la habitación de este maravilloso lugar. Estábamos en una hacienda con diseño de ensueño. Parecía un completo castillo y en el jardí
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