Alexandra Mi mente volaba pensando planes para resolverlo y todos terminaban en catástrofe. Nada serviría. Estaba acorralada. El me tenía donde quería. Esto debía de ser una broma. Mi cabeza empezó a dar vueltas. ¿Que más podía yo hacer? Era insignificante ante este hombre. Hubo momentos en el pasado en que el me hizo sentir enorme y grandiosa para el mundo. Y el me hacía muy bien. Mi corazón palpitaba demasiado fuerte, tanto que lo podía sentir en mis oídos. —¿Como estoy segura que esto no es obra tuya?— pregunté aún dudando de que el cerebro de John diera para semejante atrocidad. Él se acercó hasta estar frente a mi, se acercó a mi oído y me susurró. —Porque yo no sacaría a la luz estás fantásticas fotos, me las guardaría para mí y mi polla— su susurró ronco hizo que mi pi

