capítulo 28

1488 Words
Llegó el fin de semana y Carlos conjuntamente con Robert y Eleazar viajarían a la selva, están muy emocionados a entrar en el hangar para tomar el avión que los llevaría hasta cuidad Bolívar y de allí hacer una travesía por todo un sin fin de caminos. — Estoy muy emocionado no se que podríamos encontrar en ese lugar. Dijo Robert. — Vamos colega estamos cerca de una hallazgo grande y esto va hacer muy gracioso. — Eso es cierto Eleazar, y dejé la emoción profesor que cuando esté allá, vera como son las cosas — Esta bien lo haré, calmare mis impulsos. — Bueno que piensan que podamos conseguir con las copias de los manuscritos que me dió la chica profesor. — Algo podemos descubrir con más notas, además estamos más cerca de algo importante, y eso es lo más importante para nosotros, cuando lleguemos allá haremos lo necesario. — Bueno Eleazar que puede decir de ello. — Robert tiene razón debemos saber que hacer cuando lleguemos, tenemos que ir investigando de la zona donde Carlos consiguió ese otro manuscrito. — Hay algo que no hemos pensado, si está joven tiene dos manuscrito, Carlos dos con ese que encontró y dos más que sabrá dónde están, pero son esos lo únicos o hay más de ellos. — La verdad que me lo he preguntado, y si hay más de ellos y en la parte de atrás nos muestra un mapa para llegar a saber dónde exactamente está ese templo. — Una pregunta Eleazar no te has puesto a pensar si en ese templo allá personas allí, que estén ocultas no sabemos. — Robert tiene una imaginación volátil, imagínese encontrar personas, que vivieron en una época de la colonia y que aún no han sido descubierto. Carlos pensativo dice. — No lo sé, tal vez pueda ser real lo que dice pero primero tenemos que llegar a la zona y averiguar si existió una aldea. — Sabemos que vamos a una, pero el jefe sabrá algo más de ello. — Bueno profesor el camino es largo. tenemos que llegar a ciudad Bolívar, de allí a puerto Ayacucho para agarrar una avioneta, en canoa por el río y después caminar toda la selva. — Caramba tremendo tuor para nosotros. — Bueno Eleazar hemos viajado a lugares más extraños que esté por todo el mundo. — Bueno eso es verdad pero nunca pensé en algo así menos aquí en mi país algo extraño no. — Bueno descubrir un templo y ver si hay personas viviendo allí sería algo sorprendente. — Ummm está bien. Mientras en Caracas en el apartamento Silvia estaba en el estudio leyendo unas cartas y poniendo todo en orden para su partida. — Silvia, siento molestarte, pero tiene una llamada. — No preguntaste a quien es. — Solo dijo que quería hablar contigo qué es muy importante. Alguien con voz grave y acento extranjero muy sexy. Silvia se quedó paralizada. «Alguien con voz grave y acento extranjero muy sexy...». Se amonestó en silencio por ser tan ridícula y levantó la vista del documento que estaba leyendo para mirar a su amiga. — ¿Has conseguido algo durante esta semana? ¿O debería decir «alguien»? Silvia se estremeció una vez más, pero sonrió a Perla. — No he tenido la oportunidad. He pasado todo semana arreglando algunas cosas, he estado con personas que me están ayudando a resolver esto de los manuscritos. Perla sonrió, y dijo: — Sabes que yo sigo teniendo la esperanza, Silvia. Te dejo para que hables. — Gracias ya atiendo. Perla guiñó un ojo y desapareció. Sivia respiró hondo y contestó: — Silvia Marín al habla. Se hizo un silencio y después se oyó una voz grave, sexy y fácil de recordar. — Ciao, Silvia, soy Rafaelo... Lo que era una corazonada se convirtió en realidad. Él era la única persona, aparte de sus padres, que la llamaba Silvia, a menos que en los momentos momentos serio la llamaba Silvia. De pronto, una mezcla de ternura se apoderó de ella. Silvia se percató de que no había contestado cuando él habló de nuevo. — Soy Rafaelo Durán... ¿Me recuerdas? Ella agarró el teléfono con fuerza, y dijo: — Oh Raf, si te recuerdo. ¿Cómo poder olvidar al hombre que me ayudo con mi tío a salir de la selva ? — Bene. Dijo él. — ¿Cómo estás, Silvi? ¿Ahora eres una modelo famosa? — Sí. Contestó ella, con el corazón acelerado. — Oh Raf es emocionante escucharte de nuevo. — Mía Silvi estoy en Venezuela y quiero verte. — Qué bien, y claro que me encantaría verte. Dijo Silvia. De pronto, comprendió la magnitud de la situación. Rafaelo Durán estaba en Venezuela y quería verla. En un principio, Silvia pensó que él se había enterado, de los manuscritos pero decidió que, si sus sospechas eran ciertas, él la podía ayudar. — Mira... me alegro de oírte Raf, dime cuándo nos vemos, tiene que ser hoy o mañana porque el lunes me voy de viaje. — Si lo sé, además Ben me llamo muy preocupado. — Claro y mi tío pensó en ti. — Vamos príncipesa saber que tío Ben es sobreprotector, vamos a vernos y me cuentas. — Sí, supongo que sí, tú sabes cómo es mi tio. — Además me contó una cuanta cosas . La investigación que estás llevando un tal Carlos, y otros personajes me dijo, que alguien te entrego unas cosas. — Si eso es verdad. — Bueno me tienes a mi de apoyo. Al oír sus palabras, Silvia no pudo evitar que el pánico se apoderara de ella. Había salido de aquella selva y ahora tenía que volver de nuevo. — Vamos amores no vemos en la cena, yo invito. — Raf claro nos vemos en la cena y te cuento. — Maravillo Tesorina, te espero ciao. — Ciao Rafaelo. Ahora así este nuevo personaje, que cosas traerá, será un amigo de su infancia o busca el dinero y la fama. Rafaelo Durán es un italiano que conoció a los padres de Silvia y el cual, la ayudo mucho cuando salió de aquella selva. Estará todo esto ligado con ese templo. Cuando terminó la conversación entre Silvia y Rafaelo, ella estaba mirándolo. Estaba angustiada, pero se esforzó para mantener la calma por el bien de ella. Rafaelo se había detenido junto a ella. — Silvi... — ¿Qué? Preguntó ella, sin mirarlo. Ella lo oyó suspirar. — Mira, siento de veras que esto haya sucedido, que todo esto de tus padres te allá marcado. No deberíamos haberme ido lejos de ti. — No, no deberías a verte ido. Lo miró. — Mira, lo hecho, hecho está. Ya ha terminado y debes de seguir tu vida. — Esto es lo mejor, cara. Créeme... Eres joven y tienes todo tu futuro por delante. Después de todo ya tienes que superarlo., ¿no crees?. Silvia puso una mueca, y decidió que haría todo lo posible por centrarse en su carrera profesional y dejar las cosas a un lado, y pensar que al llegar a la selva enfrentar su pasado. –Muy bien Rafaelo Ciao. — No veremos en la selva. Adiós, Silvi. — Adiós, Rafaelo nos veremos pronto. Silvia pensó que necesitaba ese regreso a la selva, a sus orígenes y saber que ocurrió con ella. Y ese templo con los manuscritos que tenía y con ese último que no pudo leer el profesor Robert. Mientras en Ciudad Bolívar todo estaba preparado para tomar la avioneta que los llevaría a puerto Ayacucho y luego se allí en canoa, era una trayectoria, muy interesante ya que todo a sus alrededores era hermoso. — He viajando a todos los lugares del mundo pero esto es hermoso. — Vaya Eleazar se ve que no has hecho viaje por el país, yo he estado en algunos lugares aquí, pero no ha dónde llegó tu padre muchacho. Carlos sonreía estaba dichoso de volver a la excavación, está feliz. — Yo estoy muy feliz de volver acá, esto si es vida. — Vaya muchacho está feliz de volver. — No se imagina cuánto profesor esto es extraordinario. — Bueno me unire a ustedes, pero no he preguntado cuándo llegaremos. — Si hoy es sábado llegarémos a las zona mañana por la mañana. — Vaya el trayecto es súper largo. — Si muy largo llegaremos mañana domingo. — Bueno espero llegar con bien. — Llegaremos con bien profesor no se preocupe por ello, los guía conocen la selva mejor que uno. — Vaya que si muchacho pero bueno al llegar que vamos hacer. — Vamos a trabajar en la excavación y que conozcan cosas nuevas. — Cosas nuevas como que. — La selva profesor. Eleazar dice. — Eso espero muchacho. — Bueno tenemos que tener paciencia y calma. Los tres hombres se rieron de algunos chistes y hubo conversaciones interesantes mientras iban en el camino.
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