El accidente petrolero.

1889 Words
Y así, entre risas y comentarios divertidos, preguntas y otras cosas referentes a la operación, se terminó la plática de seguridad del día, y comenzó aquella primera difícil y calurosa jornada del 20 de Junio del año 2002, después de unas horas Juan de Dios, revisó la hora en su pequeño celular e indicaba las 12:00 horas. Mientras revisaba la bitácora de los perforadores, checando el desarrollo y datos técnicos de aquel pozo llamado Caudaloso 2, se dio cuenta que solo había 2 pozos en aquella zona, los Caudalosos 1 y 2, siendo el primero de estos, explorado y terminado por la compañía nacional de perforación (PEMEX), dándolo por terminado a la profundidad de 2166 metros. -¿Qué extraño? –Pensó inquisitivamente en este dato. -¿Por qué no a 2200 metros o 2300 metros como éste que estamos terminando? Y cavilando en estos tecnicismos petroleros, le hizo el comentario a Mike Ursulak, que apareció en ese momento en la caseta del perforador, que se encontraba colocada a unos 9 metros de altura, con respecto al suelo, en el piso de perforación a un costado de la torre de perforación, Mike encogió los hombros y Juan de Dios divertidamente le dijo, que al parecer PEMEX no había continuado la perforación del pozo caudaloso 1, porque era tan peligroso que ya no pudieron hacerle más. Y con una risa de aceptación el supervisor canadiense le preguntó a Juan de Dios. -¿Sabes preparar y trabajar el lodo de perforación? -¡Claro! –Contesta Juan. –Me he pasado la mitad de mi vida preparando lodo. -Pues bien, entonces la orden es restablecer la circulación, controlar la pérdida de lodo y continuar perforando hasta la profundidad de 2300 metros, ya el ingeniero de fluidos agregó el material obturante al lodo, y podemos comenzar a bombearlo. Escuchando esto Juan se puso el casco de protección, salió a la consola de controles y accionó los diferentes sistemas de medición de presiones y conteo de emboladas por minuto, así como los detectores de gas y con Edgar en la válvula de control de presiones, y el personal de supervisión tomando lecturas en el manyfold de estrangulación, como es técnicamente conocida. (Un componente de tuberías y válvulas, que desvían los fluidos provenientes del pozo, al separador gas-lodo y al quemador) activó girando las perillas de aceleración de las bombas, y lentamente aquel espeso y aceitoso fluido de control fue introduciéndose en aquel accidentado pozo, que amenazaba con descontrolarse en cualquier momento, después de más de media hora de estar bombeando fluidos de control, a un ritmo controlado de 40 emboladas por minuto, los indicadores de presión de las bombas dieron la tan esperada señal, el fluido introducido regresaba y no se perdía en su totalidad, lo que indicaba que los fragmentos de cáscara de nuez habían funcionado, taponando las micro grietas que habían debilitado las paredes del pozo caudaloso 2, cuando el contador de EPM indicaba las 1300, los indicadores de presión empezaron a moverse, eso confirmaba que el material anti perdidas estaba funcionando muy bien, obturando las micro fracturas de las paredes del pozo, disminuyendo la pérdida y permitiendo así que el lodo regresara a la superficie, pasando por las líneas de control hacia el manyfold, y regresando por el separador gas lodo a las presas, que era de donde las bombas tomaban el lodo para introducirlo al pozo, completando así lo que en tecnicismos petroleros, se conoce como ciclo de circulación, y cuando la presión fue constante, estable y el separador gas-lodo había hecho su trabajo de mandar el lodo a las presas, y el gas a la atmósfera, procedió a abrir el preventor superior, avisando antes a los demás trabajadores por el altavoz, accionando la palanca de apertura del preventor superior, en la consola de control remoto de cierre de pozo, cercana al tablero de controles del perforador, y tomó el altavoz para dar el tan esperado aviso, y con voz bien modulada y actuada dijo: -¡Atención, atención! A todo el personal involucrado en la operación; ¡El lodo está circulando! Restableciendo así la confianza en aquel grupo de obreros y técnicos, cuyo trabajo ese día era precisamente ése, controlar el pozo para seguirlo perforando, terminarlo y entregarlo al departamento de producción, la alegría se dejó ver en los rostros de los trabajadores al escuchar el aviso del perforador, liberando la tensión de encontrarse en peligro, pasada una hora un llamado del Company man a la caseta del perforador, por medio del teléfono interno cambiaría totalmente las cosas, Luís Molina le indicaba que acelerara el bombeo, para reducir el tiempo de operación de control, y continuar con el programa de perforación. -Enterado. Dijo Juan de Dios lamentándose de la instrucción, pero antes de cambiar la velocidad de bombeo, movido por un mal presentimiento les dio aviso a sus supervisores. Ya enterado el rig managuer Ron y el supervisor Mike, procedió a acelerar gradualmente las bombas de 40 EPM a 45 EPM, y a 50 EPM, buscando un aceleramiento lento y gradual en el ritmo de bombeo, buscando no desestabilizar súbitamente las presiones, evitando así un golpe de presión o de ariete, que podría romper las de por sí ya endebles paredes del pozo, logrando llegar a 55 EPM sin pérdida de la presión con la circulación sostenida del lodo, estaba en eso cuando escuchó una voz imperativa indicándole. -¡Acelérale a 80 emboladas por minuto! Era el rig managuer Ron, que con la característica desesperación que prepondera en la conducta del personal de confianza, que labora en compañías internacionales, en su afán por reducir costos de operación, tomó la perilla circular que regulaba la velocidad de las bombas, dando un acelerón que indicó 120 EPM, regresándola hasta que el indicador marcó las solicitadas 80 EPM; Juan de Dios tomado por sorpresa no tuvo tiempo de impedirlo, visiblemente contrariado trato de hacerle ver al imprudente rig managuer, que su acción podría desembocar en un golpe de presión que rompería nuevamente las paredes del pozo, provocando una nueva perdida de circulación, y por ende la disminución de la columna de fluido de control, disminuyendo la presión hidrostática, que era al fin y al cabo la que mantenía al gas y al aceite del pozo en el fondo, estables y controlados; Ron Olsen haciendo caso omiso de sus comentarios, solo lo miró de soslayo diciéndole: -Continua así hasta que yo te dé otra orden. Y abandonó el área de controles. En ese instante los indicadores de presión y de flujo en el pozo se fueron a cero, con la pérdida de presión las bombas se aceleraron y Juan indeciso, dudó y no hizo sonar la alarma, llamó a Edgar que se encontraba cerca de ahí para decirle. -¡Avisa a todos! Los quiero en sus puestos de control que el pozo se va a arrancar. Y Edgar sin dudar un instante procedió a dar la voz de alarma, en eso Juan se recompuso de su indecisión, y jaló de la perilla que hacía sonar una corneta de aire, jaló una vez, contó mentalmente 10 segundos y la soltó, cumpliendo así el protocolo de códigos de situaciones de emergencia que indicaba que un toque corto, avisaba a la gente de un descontrol de pozo, el personal se puso a la expectativa cuando escuchó el toque de aquella corneta, muy semejante al sonido que hacen los barcos, porqué normalmente la alarma se escucha cuando la negra columna de fluidos del pozo revienta en la atmósfera, provocando un fuerte rugido como el de 1000 elefantes enfurecidos, y al no ver la manifestación obvia y visible, se confundieron y unos fueron a sus puestos de control, otros al punto de reunión y otros hicieron caso omiso asumiendo que se trataba de un simulacro más. Ron Olsen y Luis Molina subieron presurosos e inquisitivos al área de la torre, preguntándole con acento de disgusto, el por qué había hecho sonar la alarma de descontrol de pozo si no había tal; Mike se había quedado organizando a la gente, lista para controlar y desfogar la burbuja de gas aceite, en el caso de que ésta llegara a la superficie; Juan contestó. -¡Soné la alarma porque la presión se fue a cero y el indicador de flujo en la línea también! Las bombas se aceleraron y la circulación se ha perdido, eso significa que se rompieron las paredes y el lodo se está perdiendo, por lo tanto el pozo se va a arrancar con mucha fuerza, a causa de un golpe de presión de fondo, que provocó aquí nuestro desesperado jefe canadiense, que por más que quise explicarle que esto podía suceder, no me hizo caso y ahora necesito a todos en sus puestos de control; ¡Les digo que ahí viene! Los quiero en sus puestos de control, que el pozo se va a arrancar. El personal de la cuadrilla se dispuso a obedecer al perforador, siendo detenidos por una orden seca de Ron. -¡No vayan! Y usted señor no puede hacer sonar la alarma ni activar la emergencia hasta no estar seguro del evento o accidente; ¡Y no hay tal! -¡Lo siento señor pero no voy a esperar a que revienten los fluidos en superficie para cerrar el pozo! –y gritó volteando a ver a su gente. –Ya saben que si hay algo que no soporto es que alguien no haga su trabajo; ¡Todos a sus puestos dije! Diciendo esto se dirigió al sistema remoto de cierre de los preventores, que colocados cerca de la boca misma del pozo, se operaban desde una consola auxiliar en el piso de perforación, y poniendo la palanca en posición de cierre. El preventor esférico superior comenzó a hacer su movimiento de cierre, el cual tardaba 17 segundos en completar. Y Ron, visiblemente molesto y con actitud agresiva, colocó la palanca en posición de abierto, interrumpiendo así el movimiento de cierre. Juan de Dios tan solo se apartó consternado por la actitud de su jefe, y volteó a ver a sus ayudantes que sin saber qué hacer, y tan sólo estaban a la expectativa de los acontecimientos. En eso, una tremenda y ensordecedora honda sonora irrumpió en el lugar, seguido por una aterradora y negra columna de aceite crudo y gas natural, provenientes del pozo que irrumpían furiosos cuál si fueran un dragón que amenazaba con cubrirlo todo, el perforador sin perder un segundo retomó los controles de cierre, y regresando la palanca a su posición de cierre, la enorme válvula hidráulica reinició su lento movimiento de cierre, y a la vez activó los preventores inferiores, logrando así cerrar con éxito en menos tiempo, mientras buscaba con la mirada a sus atribulados, confundidos y ahora asustados ayudantes, gritándoles: -¡Todos a sus puestos! ¡El pozo esta descontrolado; Edgar, al quemador! ¡Está apagado! La presión es muy alta; ¡Desfógala por el quemador! Y Edgar que se movilizaba torpemente, porque había sido sorprendido por una gran cantidad de aquel lodo aceitoso, que lo había bañado casi cubriéndolo por completo, todo el personal se había movilizado a sus puestos de control reponiéndose de la sorpresa; Mike al ver a Edgar completamente bañado con aceite y lodo, le ordenó que se fuera a cambiar el overol.
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