La polla de mi hijo estaba en mi coño. Me estaba follando a mi propio hijo. Mi bebé, al que crié, cuidé y por el que me preocupé. El mismo pequeñín con el que jugué a Candy Land, le cociné y al que azoté por ser travieso. Ya era un hombre. Un hombre con una polla fantástica que se hundía en mí, centímetro a centímetro, lenta y agonizantemente. Un hombre que me amaba de verdad como nadie más podría. No existía nada más. Mi mundo entero se convirtió en nada más que el cuerpo de mi hijo y el mío. Su polla y mi coño. Su polla dura como una piedra dentro de mi coño, dolorosamente húmedo. Enganché mis tobillos alrededor de sus piernas y apreté mis músculos internos, intentando atraerlo más rápido. Quería poseerlo por completo, tomarlo, envolverlo y absorberlo. Nunca había experimentado esta cla

