Mónica recuperó el aliento. —Hermoso, —susurró. Lo alcanzó, pero detuvo su mano sobre la de él, mirándolo como si no estuviera seguro de si realmente lo hacía para ella. Él sonrió, le subió un poco la manga y le puso el brazalete en la muñeca. —Esto te recuerda a Sikandar. Él hizo clic en la trampa en su lugar. —Yo... yo no... Olfateó y giró el brillante brazalete. —“¿Hiciste esto? ¿Lemsaybamtnokora la kimre?” Asintió con la cabeza. Se palmeó los bolsillos. —No tengo nada para ti. Sintió algo en el bolsillo delantero de su pantalón y sacó su bufanda de mariposa monarca. No era elegante, pero era larga y colorida. —Esto es todo lo que tengo. Ella lo ató alrededor de su cuello. Se llevó el pañuelo a los labios, inhaló y cerró los ojos. —“Mónica”, —susurró. —¿Tú haces? Sacudió la cabeza
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