Aria Valli Me desperté lentamente, sintiendo el peso de las sábanas de seda negra contra mi piel todavía sensible. Cada músculo de mi cuerpo me recordaba lo que había sucedido la noche anterior la entrega, el fuego, la forma en que Dominic me había reclamado como suya después de reducir a cenizas aquel contrato que una vez fue mi única realidad. Me giré en la cama y lo encontré allí, observándome con una intensidad que me hizo estremecer. No parecía haber dormido mucho; sus ojos grises estaban fijos en mí, cargados de una posesividad que ya no intentaba ocultar. Me acerqué a él, buscando el calor de su pecho, y por un momento nos quedamos en silencio, dejando que el mundo exterior, con sus peligros y sus secretos, permaneciera al otro lado de la puerta. —Dominic —susurré, apoyando la

