Capitulo 54

1754 Words

Aria Valli ​El rugido del motor de mi Range Rover al alejarse de la mansión fue el sonido más dulce que había escuchado en meses. Por el espejo retrovisor vi la figura de Dominic, estático sobre el asfalto, con el torso desnudo desafiando el aire gélido de la mañana moscovita. Parecía una estatua de mármol y furia, una reliquia de un mundo que intentaba devorarme. Sus hombres estaban allí, paralizados bajo la luz grisácea del amanecer, sin saber si disparar a mis neumáticos o simplemente contemplar cómo la mujer del Pakhan rompía el cordón de seguridad con una elegancia feroz. ​—Hoy no, Dominic —susurré para mí misma, apretando el volante con una fuerza que me hizo sentir la textura del cuero bajo mis palmas—. Hoy soy yo quien decide dónde termina mi horizonte y dónde empieza mi vida. ​

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