Capitulo 22

1854 Words

Aria Valli ​El eco de mis propias palabras aquella promesa de amor que había soltado frente al altar todavía vibraba en mis oídos, mezclándose con el crepitar de las velas que iluminaban el gran salón. Me sentía flotar en una irrealidad dorada y peligrosa. Dominic no me soltaba la mano; sus dedos estaban entrelazados con los míos con una fuerza que no dejaba lugar a dudas: ya no era una invitada, ya no era una empleada con un útero alquilado. Era su esposa ante Dios y ante la ley de hierro que regía este lugar. ​A un gesto de Dominic, una música suave y profunda empezó a llenar el espacio. No era una marcha nupcial clásica, sino una melodía rusa, lenta y cargada de una melancolía que te calaba hasta los huesos, un vals que parecía compuesto de suspiros y secretos. Los cinco capitanes

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