Benjamín Alejo a Emily del marullo de personas, la guío hasta la mesa reservada para nosotros dos, sus mejillas se ven un poco sonrojadas como si realmente le hiciera falta aire. Si no fuese necesario cumplir con este compromiso por ella la sacaría ya mismo de este lugar inundado de personas sin importancia y aduladora en busca de adquisiciones o fusiones empresariales, las cuales siempre reciben la misma respuesta, un no me interesa. —Voy al tocador, ya vuelvo —dice de pronto de forma extraña. —Te acompaño —ofrezco poniéndome de pie. —No tienes que hacerlo, solo iré un momento y regreso, puedes seguirme con la mirada para que te quedes tranquilo —rechaza, no quiero ser controlador, pero tengo un mal presentimiento. La dejo ir con la condición de no despegar mi vista de ella, lo cual

