28.

1249 Words

28. Y, luego de que hiciéramos el amor, en ese depósito de armas, mis ojos fueron a dar con sus perfectas manos. Las tenía mejor cuidadas que las mías. Eran suaves, aunque frías, yo las acariciaba. Es así cuando mis ojos vieron lo, hasta ese momento inimaginable. En la palma de la mano creí ver dos diminutos orificios, idénticos a las que Doriam Mcneal le había hecho a la pobre enfermera. Cerré los ojos, creyendo que solo había sido una ilusión salido de mi inconsciente. Pero cuando volvía abrirlos, ahí permanecían, visibles y tangibles, y parecía que se burlaban de mí. En ese momento sentí que mi corazón se detenía. Eso era una mala broma del destino. Y estaba lejos de causarme gracia. Me levanté algo mareada por la impresión y por el movimiento repentino, Robert no se dio cuenta. Ahí

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