36. Desperté por los fuertes rayos de sol que atravesaban las cortinas blancas, y llegaban a darme justo en la cara. Me incorporé para ver hacia afuera, a pesar de los barrotes que impedían que saliera por ellas, no perjudicaba y se podía admirar el paisaje. El suelo estaba completamente seco, y parecía que la noche pasada no hubiera caído una fuerte tormenta que duró horas y horas. Tenía el cuerpo completamente adolorido, estirar las manos y las piernas era un suplicio. El dolor en el cuello, me devolvió de una todos los recuerdos, mezclados de la noche pasada. Miré la cama, recorrí con los ojos, toda la recámara. Estaba completamente sola. Pero noté que en algún momento, habían cambiado la alfombra, ahora lucía una suave alfombra de color blanco, que daba la sensación de estar camina

