21. Y mientras lloraba, recuerdo que vi con mucho asombro el hecho de que había salido de una pesadilla y ahí, en la calle, todo estaba normal. Era un día normal para la gente que transitaba esa misma calle en la que yo, dentro de un carro lujoso lloraba. Lloraba por Ortiz, por la pena que debió sentir al ver que esa misma noche no volvería a casa, que su pequeña hija no volvería a ver a su papá porque había perdido la vida de una manera que no quería recordar jamás en mi vida. Lloraba también por mí, por mis hermanas y mis padres, porque estaba a nada de morirme sin volverlos a ver. Quizás me buscarían hasta el último día de su vida, como esos casos de chicas desaparecidas, dejarían sus vidas para dar conmigo, o con mi cuerpo, de la misma forma que la familia de mi amiga Romina, había he

