Amara Owens.
El silencio está presente y la tensión se siente. Incluso hemos puesto al mesero nervioso, y nose porque aun seguimos en este ambiente. Ni siquiera tenemos ha Artie cerca nuestro, de hecho desde que nos encontramos con él en la entrada no nos hemos vuelto a topar, y tal vez aquello fue obra del hombre de la entrada. En fin, él fue testigo de todo.
Miro de reojo a Drew que se mantiene con su entrecejo hundido y su quijada tensa, cenando, como si fuese de lo más normal.
Quiero borrarle esa expresión pero no se como. Su enojo es evidente y todo gracias a que Artie termino riendo por su nombre al haberlo pronunciado, una vez le dimos la espalda y nos concentramos en la reservación que había hecho.
Sabía que lo haría, pero al haber estado Samuel y haberlo retenido la primera vez, creí que no sucedería, que se quedaría callado, guardando todas sus acciones estúpidas de niño. Sin embargo, no fue así y él terminó riendo como si un chiste hubiese escuchado.
Lo que terminó empeorando el humor de Patch.
Suspirando dejo mis cubiertos a los costados del plato, fijando mi mirada en él que ahora se dispone a mirarme desde que comenzamos a cenar.
— ¿Podemos hacer como si nada hubiese pasado? —Le miro suplicante.
La verdad es que quiero eliminar el comienzo de nuestra llegada, hacer como si nunca nos hubiésemos encontrado con Artie, que Patch no tenga un mal recuerdo de esta noche, tampoco quiero nuestra cena quede arruinada por él.
Quiero que hagamos un comienzo y terminemos esta noche como debió de ser desde un principio. Riendo y haciéndonos saber cuanto nos queremos.
— ¿Por que? —Responde tajante.
Mis ojos se entreabren un poco más de lo normal ante el tono de su voz. Tomándome por sorpresa su actitud contra mi.
— ¿Acaso quieres olvidarte de la vergüenza que pasaste? ¿Es eso? —Sus ojos oscurecen y me penetran con intensidad.
— ¿Eh? ¿Que? —Lo miro desconcertada.
—Claro —Sonríe con amargura —, al final parece ser que eres igual a las demás, fingen no avergonzarse de mi nombre pero cuando llega el momento, ni siquiera pronunciarlo pueden.
¿Nombre? ¿Que? ¿De qué va todo esto?
—Yo no...
— ¿Tu no querias hacerlo? ¿Esas no eran tus intenciones? —Asiento luego de ser interrumpida — ¿Entonces por qué no lo dijiste? ¿Por que nunca me llamas por mi segundo nombre? ¿Te avergüenza? ¿Es eso? ¿Por ello no pudiste hacerlo frente a tu ex?
Su ataque me hace comprender de qué va todo este pequeño enojo suyo. Me hace sentir un tanto triste.
Yo no sabía que él quería que lo llamase por su nombre, si lo hubiese sabido no dudaría en hacerlo, mucho menos en mencionarlo en cada mensaje. Le haría ver que no me avergüenza, en todo caso, que me gusta esa originalidad que tiene.
Me decepciona que piense me averguenzo de ello, cuando no lo hago, y si lo hiciese, nunca hubiese tenido el atrevimiento de hacer referencia a su persona con mis allegados con ese nombre.
— ¿Enserio crees que lo hago? —Frunzo mi entrecejo.
—Lo creo.
Su seguridad me hace molestar. Estar discutiendo por su nombre me hace enojar, después de todo, esta discusión es absurda, no obstante, no lo dejo pasar y tambien hago lucir esa duda mía.
— ¿Y qué hay de ti? —Atacó, haciéndolo desconcertar por un momento — ¿Por que no te he escuchado decir mi nombre? Te recuerdo que solo lo has hecho dos veces, una en el club y la otra ocasión por llamada. ¿Por qué? ¿Eh? ¿Es que acaso ya lo has olvidado? ¿Por ello son los apodos? ¿Es eso?
Rueda sus ojos en tanto resopla.
—Que cosas dices —Murmura.
—Solo digo lo que me veo y escucho al estar a tu lado —Tomo mis cubiertos —, y si así deseas que sea la noche, pues bien.
Su cuello toma color y su cuerpo tiembla.
—Bien.
Finalizamos la discusión, sin ser al menos por un momento alguno de los dos racionales. En todo caso, yo también he terminado por molestarme y agregarle más leña al fuego.
Se suponía que mi plan era eliminar su enojo, no agrandarlo, se suponía que debíamos estar en estos momentos riendo, no callados con una gran tensión y miradas de otros clientes que presenciaron nuestra absurda discusión, se suponía debíamos estar divirtiéndonos. No enojados.
Muerdo el interior de mi mejilla en vez de la carne que meto a mi boca, al sentir esas inesperadas ganas de llorar.
Ni siquiera ha sido una discusión del todo, no es como que esto ponga nuestra relación en la cuerda floja, es una pequeña y tonta discusión, que aun asi me hace sentir sentimental.
Tragandome mi sentimentalismo y toda tristeza, prosigo con mi silenciosa, tensa y triste cena.
Esa es la mejor definición para hacer saber cómo es que se van nuestros minutos terminando nuestra cena. Lo que para mi mala suerte, son pocos, ya que pronto los dos hemos terminado y él está llamando al mesero que nos atiende.
Por un momento creo que pedirá la cuenta y nos retiraremos por fin, no obstante, decide pedir postre para los dos.
El muy enojado Drew, se atreve a pedir postre por mi, y no es como si me molestase mucho que lo haya hecho, en todo caso, debería de agradecerle, ya que pese a su enojo este complaciendome, pero lo descartó en seguida que lo escucho pedir una rebanada de cheesecake para mi y para él una rebanada del pastel de zanahoria.
Amo lo dulce, amo el chocolate, pero lo que mas amo es ese delicioso pastel de zanahoria y él lo sabe.
Lo único que provoca con estos postres es que mi enojo aumente, sobre todo, porque ni siquiera tarda el chico en traernos el pedido.
Molesta comienzo a comer mi pedazo de cheesecake y para hacerlo molestar a él un poco más, lo hago lentamente, lo hago esperar por mi.
Y como el hombre está tan orgulloso como para querer dirigirme la palabra, se aguanta esas intensas ganas de pedirme que termine una buena vez, aunque a través de sus ojos puedo notarlo y deducir lo que quiere decirme.
Disfruto ese pedazo que no quería comer en un principio, incluso agradezco al mesero que nos lo ha traído y pido que se lo haga saber al chef, una vez Drew le llama por tercera vez en la noche. Esta vez para pedir por fin la cuenta.
Al regresar el mesero lo primero que hago es arrebatarle el pequeño libro donde la factura se encuentra.
Lo pongo sobre la mesa luego de unos segundos.
— ¿Que haces? Yo te invite —Habla Patch mirándome con desacuerdo al verme sacar dinero.
Me encojo de hombros, prosiguiendo con mi deber. No es como que vaya a pagar, solo dejaré la propina del chico, pero es bueno hacerlo creerlo.
Dejó el dinero sobre el suyo, y le hago saber al chico sobre su propina al levantarme del asiento junto con mi bolso.
Patch no comenta nada al respecto, solo se dedica en colocarse a un costado mío y caminar a mi lado.
En silencio los dos salimos del restaurante, pero antes de ello, agradezco al hombre de la entrada quien solo asiente sonriente.
Ya afuera, proseguimos con nuestro silencio e incomodidad acompañándonos, en tanto esperamos el auto. Aunque tampoco nos hacen esperar mucho por ello.
Si que este restaurante tiene buen servicio al cliente. Merece sus cinco estrellas.
—Creo que tomare...
—Sube —Abre la puerta del vehículo.
Le miró cansada. Suspirando asiento y entro en él, pese en querer irme por mi lado y terminar por una buena vez este mal humor entre los dos.
Cierra la puerta de golpe haciéndome brincar en mi lugar. Bueno, al menos se está controlando e intendo proseguir siendo ese hombre caballeroso que ha sido desde un principio. Pocos pueden lograrlo y me alegro que Patch sea uno de ellos.
Poco después está entrando él y abrochándose el cinturón.
—Abrocha el tuyo —Gruñe, sin siquiera mirarme.
Lo hago, en silencio y sin rechistar, abrocho el cinturón de seguridad. Comienzo a cansarme, a pesar de sentirme aun molesta, quiero que lo dejemos por la paz y solo arreglemos este mal entendido. Por qué lo es, es un malentendido de su parte, y lo mio solo ha sido una estupidez que quise sacar para no ser la única en ser quien se quedara sin poder reclamar algo.
Entreabro mis boca, dispuesta en ser yo quien dé el primer paso para arreglar esta situación, sin embargo, vuelvo a cerrarla cuando pone el auto en marcha, acelerando con toda la velocidad que puede tener el vehículo, o eso es lo que o creo. Aun así yo termino aferrandome al cinturón.
Agradezco el que sea de noche y no hayan tantos autos, también el que vayamos con la suerte que cada semáforo pasante esté en verde.
Ni siquiera cuento cuanto nos lleva el recorrido hacia mi apartamento, de hecho, ni siquiera tengo el tiempo para pensar, con tanta velocidad en lo único que pienso es el que estoy arriba de alguna montaña rusa. Una en la que no terminaré despeinada.
En fin, no hay mucho que decir, después de todo, para mi pasa de un abrir y cerrar de ojos. Tampoco se como es que hace para detener el auto sin frenar de golpe, es una gran habilidad suya, la cual espero en algún otro momento hacérselo saber, ya que en estos momentos lo único que puedo desear es querer bajar del auto.
—Llegamos —Hace saber, apretando el volante.
Lo miró entre sorprendida y tan desconcertada por cómo puede ponerse al estar molesto.
Al no recibir respuesta de mi parte, baja del vehículo, lo rodea como hice hace unos cuantos minutos y con la misma intensidad con la que cerró la puerta, la abre.
Aun en mi pequeño trance, logró bajar sin su ayuda, pese a sí necesitarla por el miedo que provocó en mi.
Cuando ya esta decidido en irse, me atrevo a tocar su brazo, ganando su atención y por supuesto esa mirada penetrante.
—Patch...
— ¡Hey!
De nuevo somos interrumpidos. Sus ojos miran detrás de mí, sin embargo, los mios se mantienen puestos en su tenso rostro.
—Hola chicas —Habla suave, incluso intenta sonreir.
—Hola Pat-Patch —Saluda Bianca.
—Hola —Dice poco después Hilary.
Porque aunque no las esté mirando, sé que se trata de ellas, después de todo, las dejamos en el apartamento antes de ir a esa desastrosa cena.
— ¿De dónde vienen? —Les pregunta, dándome una rápida mirada que lo hace fruncir su entrecejo y volver a poner esa mirada molesta.
—De comprar comida china... eh ¿estás bien Amara? —Desconcertada, Bianca toca mi hombro.
—Ve adentro, necesito hablar a solas con...
—No —Me mira —, tú ve adentro con ellas, yo me voy.
—Drew...
Por un momento lo olvido, olvido cual ha sido la razón de nuestra discusión, no obstante, vuelvo a recordar al obtener su mirada enojada. Pronto está cerrando la puerta del copiloto como hizo minutos atrás. Con esa misma intensidad que me hace encogerme en mi lugar e incluso asustar a las chicas.
—Adios.
Gira en su entorno y sin permitirme decir nada, rodea el auto, sube y se va, dejándome con dos chicas desconcertadas a mis espaldas.
— ¿Amara? —Musita mi hermana.
Suspirando sostengo sus mano que sostenía mi hombro.
—Entremos, adentro les contare todo.
Menuda noche que venimos ganando los dos...
Ya les tocaba tener una pequeña discusión...
¿Cómo será la reconciliación? ¿Tendrán una?