—Deberías dejar de tomar tanto café. Los ojos verdes frente a mí me miran con reproche, otro sorbo al delicioso brebaje es mi respuesta. —Mmm… no. Le doy otro sorbo a mi taza, es la tercera esta mañana. Evan llegó hace una hora, lo primero que me dijo al verme fue: “no te ves muy bien”. Lo que él no sabe es que Matthew estuvo toda la noche llorando con cólicos. Se despertó a las dos de la mañana y no se volvió a dormir bien hasta las seis, no se ha despertado desde entonces, pero yo no he podido pegar ojo por la preocupación. Fue horrible para mi verlo llorar y llorar de dolor, su piel se puso roja por el estrés, sus chillidos a veces fueron tan fuertes que temí que se lastimara, y cuando por fin cayó dormido, sus hipidos estaba cargados del sentimiento aún. Llegó un momento en el que

