“Debemos aceptar la decepción finita, pero nunca debemos perder la esperanza infinita” Martin Luther King Aurelio se sacudió el polvo de la ropa y lavó sus manos en un cuenco con agua helada, extrañaba terriblemente no tener un grifo con agua caliente ni poder darse al menos una ducha diaria, el vital líquido era un recurso que debían cuidar en el castillo, con los trabajos en la construcción y la cantidad de personas hacinadas viviendo en las peores circunstancias insalubres y medievales su gasto sin propósito del era un lujo que no podía darse, ni aun cumpliendo las funciones del Rey. Además, el pozo estaba parcialmente destruido, no entendía como esa cosa erigida hacía siglos hecha piedra por piedra, y que había surtido de agua fresca a tantas generaciones, ahora estuviera aplastado

