—Y ella me dijo "Por fin sales del armario, hermanita".— Erin trató de ahogar su risa, aunque fue un intento bastante deficiente. Fruncí el ceño, pero decidí continuar contando la historia.— Y admitió que había enviado a Hudson subir por mi ventana en lugar de por la suya a propósito. —¿Hudson?— preguntó ella confundida. —Mierda, quería decir London.— gruñí enfadada conmigo misma.—Estoy hecha un lío.—admití algo que era totalmente obvio. —Cálmate, no tienes por qué estar tan estresada.— Erin era incapaz de empatizar con mi angustia. —No lo entiendes, anoche había dos chicos a los que entreno en mi habitación, ¿te das cuenta de lo inapropiado que es eso?— desde luego ni se les pasaría por la cabeza montar semejante fiesta de pijamas en la habitación del entrenador. —A nadie le import

