[SOFÍA] Al dia siguiente: 10 de noviembre El aeropuerto de Milán es un hervidero desde temprano. Los flashes revientan incluso detrás de las mamparas de vidrio, y aunque los guardias de seguridad intentan contener la marea de periodistas y curiosos, el murmullo atraviesa las paredes. Camino al lado de Francesco, mi brazo entrelazado con el suyo, sonriendo con esa sonrisa que no sé de dónde saco, porque dentro de mí todo tiembla. La gente grita su nombre, mi nombre, frases que no alcanzo a descifrar entre tanto ruido. Algunos alaban nuestro “gran amor”, otros lanzan preguntas incisivas que me taladran como cuchillos. —No los escuches —me susurra Francesco, inclinando apenas la cabeza hacia mí, su perfil perfecto ocultando sus labios de las cámaras. Yo asiento, apretando su brazo con má

