Lorraine.
Cuando llegue a mi casa, traía los tacones en la mano, mientras miraba las luces del Uber salir de la propiedad.
Al final pedí uno.
Tal vez no era tarde, pero ya sentía que había pasado una eternidad.
Asombrosamente, no había llorado, cuando ingresé la llave, las risas en la sala me inundaron.
Estaban felices.
Sin mi.
Tragando grueso el nudo que se volvía a formar.
—Hola— murmuré, haciendo que todo se quedara en silencio.
Mi hermana me sonrió al igual que mamá.
—Llegaste antes, ¿Pasó algo?— mamá trato de esconder su sonrisa en su copa de vino, papá resoplo.
—Termine con Noel— papá asintió, y siguió mirando la televisión.
Justin, me observo e imitó a papá.
—Bien, entonces ya hablaron— retorciendo mis manos en los tacones asentí —De acuerdo, mañana tienes prueba de vestido de dama de honor, así que ve a dormir—
—¿Tan rápido?— mamá soltó una risa incrédula.
—Cariño, la boda es el sábado — mire con la boca abierta a mi hermana, a mi padre, a mi familia entera.
Y el dolor de la traición me engulló como una horrible bestia.
Hoy era jueves.
Y mi hermana se casaba el sábado.
******
Mirando el montón de vestidos frente a mi, me dolía la cabeza. Aparte de que no dormí nada por pasar la noche llorando. Mis ojos estaban rojos e hinchados, la razón por la que traía lentes de sol.
Mis jeans ajustados, mi camiseta blanca básica y mis deportivas hacían que mi día fuera un poco más cómodo.
—Yo creo que el azul es perfecto, pero el azul pastel— también la voz emocionada de Clarissa me tenía así.
Mamá murmuro una afirmación, mientras yo seguía mirando. Sin decir nada.
—Bien, que tal— me volteo para ver a Clarissa con el vestido que habían escogido hace dos meses.
El dolor en mi pecho me hizo apartar la mirada y seguir viendo los vestidos.
Cuatro años y yo había sido tan estúpida, creyendo que me casaría con Noel.
Era tan obvio, jamás conocí a nadie de su familia, mucho menos cuando papá comenzó a trabajar para ellos.
Ahora me entero de que, como mi padre había escalado en la jerarquía, y con sus conexiones con algunos políticos y empresarios, esté matrimonio era perfecto.
Además, según mi hermana, amaba a Noel.
Yo también lo amo.
Mi pecho se apretaba y las lágrimas querían volver a fluir, respirando hondo, las guarde.
Esto estaba sobre la mesa desde hace dos años, yo solo era un pasatiempo para Noel, mientras deseaba a mi hermana.
Cómo buenos católicos italianos, no quería comérsela antes del matrimonio, por eso se conformaba con la paria de la hermana pequeña.
—Te ves hermosa hija, Noel quedara encantado contigo— las tripas se me retorcieron al escuchar la dulzura y el orgullo con el que le hablaba a mi hermana.
Nunca me había hablado así a mí.
Nadie.
Justin era el mayor, y la mano derecha de papá, luego, estaba Clarissa, la muñeca perfecta de mamá.
—Estoy tan emocionada, la boda será perfecta— sentí su mirada sobre mi así que me gire a verle regalandole una sonrisa forzada.
—Vas a ser la madrina más hermosa, hermana— mi corazón fue pisoteado ante la sonrisa sardonica que me dedicó.
Asentí.
Luego de un par de arreglos más en su vestido, escogimos un vestido azul cielo de estilo romano, con corte asimétrico, de seda y con una abertura en mi pierna izquierda. Por primera vez, me habían dejado elegirlo a mi.
Está noche, sería la cena de compromiso, por primera vez en cuatro años, conocería a la familia de Noel.
Y no sería en mi cena, si no en la de mi hermana.
El golpe a mi ego y a mi corazón, era uno tras otro.
No sabía cómo demonios iba a pasar la noche, sin hecharme a llorar al verlos paseándose juntos, saludando a todo mundo.
Me fui aparte, mientras mi madre y Clarissa se iban a un spa, a lo que sería la despedida de soltera de Clarissa que habían organizado las mujeres de la familia de Noel, a la cuál, yo no había sido invitada porque no sabían quién era yo, y mi hermana no le interesó. Volví a casa.
Casa...
Sonaba hasta chiste.
Me encerré el resto de la tarde, hasta que fue hora de prepararme.
Escogí un vestido cuello recto, con las mangas caídas en mis brazos, de color verde olivo, largo hasta mis pies, y una abertura en la pierna.
Mire mi cabello, hoy había sido generoso y decidió no atormentarme con su salvajismo, así que solo lo hidraté y lo acomode con una linea de lado, mis tacones altos de tiras negros, y mi maquillaje sutil. No quería que mi hermana dijera que quería opacar.
Con un suspiro, sonreí.
—Tu puedes, solo unas horas— me animé.
Tomando una pequeña cartera, aunque no llevaba más que hidratante en los labios, decidí mejor dejarla, metí entre mis pechos un poco de dinero y dejé mi teléfono.
Nadie me llamaba, así que no lo iba a necesitar.
Bajando las escaleras escuché a mi familia.
Sonreí sarcástica. Familia.
Mire a mi hermana, preciosa con su cabello rojizo en ondas perfectamente formadas, algo más que me envidiaba eran mis rizos naturales. Su vestido color champagne era precioso, en la parte inferior parecía un corset de encaje y con una falda en A, se veía hermosa.
No sabía qué me podría envidiar.
Amaba a mi hermana mayor, y me dolía como a nadie el hecho de que nunca pudimos conectar, aunque yo siempre me esforcé, nunca lo logré.
—Vaya, si tienes algo elegante— asentí a mi hermana, rememorando lo que me había dicho antes de mi cita ayer.
Mamá me miró y torció los labios pero conforme. Mi padre y mi hermano estaban impecables con sus trajes negros.
Se levantaron y todos comenzamos a salir hacia los autos, mi padre me detuvo antes de que me subiera a la parte trasera de su camioneta.
—No hagas una escena hoy— su mano se aferraba a mi brazo, apretándome y haciéndome gemir de dolor, asentí asustada.
Subí mirando la sonrisa egocéntrica de Clarissa.
Me trague mi dolor.
Justin salió primero en su auto, y luego nosotros.
Durante el camino, solo estaban hablando de la boda y de lo asombroso que sería está unión, clavándome el puñal en el pecho una y otra vez.
Respirando pausadamente, para contener las lágrimas y los sollozos, logré llegar hasta el final intacta.
Cuando las grandes rejas de la propiedad de los Russo se abrieron frente a nosotros, fue imposible no ver toda la seguridad que había, y con razón, el lugar estaba lleno de grandes mafiosos, y algún que otro político.
Los hombres armados se miraban por donde sea. Papá aparcó y todos bajamos.
Mamá tomando el brazo de papá, y Justin tomando el brazo de nuestra hermana, dejándome sola y hasta el último, alejándose como la familia unida que eran.
Mis manos se apretaron frente a mi, siguiéndolos como un perro.
La casa era preciosa, blanca y enorme, las columnas hacían que pareciera un castillo italiano, era precioso y muy elegante.
El interior era aún más opulento, grandes arañas de cristal colgaban del techo, unas enormes escaleras que llevaban a otra planta que eran de caoba oscura perfectamente pulida al igual que los pisos.
—Ahi está Noel — seguí la mirada enamorada de mi hermana y me tope con los brillantes ojos azules, y esa sonrisa.
La misma sonrisa que me mostraba a mi cuando estábamos juntos.
Me lleve la mano al pecho, queriendo que el dolor se aplacara.
Los seguimos hasta la parte del patio trasero, dónde toda su familia se reunía.
Había mujeres preciosas, al igual que los hombres, Noel llevo a Clarissa hacia una pareja mayor, supongo que eran sus padres. Los cuales la recibieron gustosos y sonrientes, como si ya la conocieran.
Y eso me dolió más.
Mirando a mi alrededor, me sentía tan fuera de lugar, tan tonta.
Todo esto estuvo en mi cara y por estar ciegamente enamorada de Noel, no lo ví.
Clarissa se volteo hacia nosotros y nos hizo señas para que nos unieramos a ellos.
—Roman, ven aqui— llamó el hombre mayor, y yo sin levantar la mirada de mis pies me quedé detrás de mis padres y Justin.
—Adele, dejame presentarte a mi familia. Mi padre ya lo conoce, mi madre Aria, y mi hermano Justin— los apretones y besos en las mejillas no se hicieron esperar, y en ese cambio, quede a la vista.
Mirando a las personas sonreí cortes.
—Buenas noches, señores Russo— mire a Clarissa rodar los ojos y arrimándose más a Noel quien la aferraba fuertemente de la cintura.
—¿Y tú eres?— La voz grave y fuerte vino de a un lado de Noel, me gire y me quedé atascada en sus hermosos ojos azules, brillantes.
Me mordí el labio, mire a Clarissa.
—Soy Lori...— carraspeo, y me recompongo —Lorraine—
Sus ojos están enmarcados por unas perfectas cejas oscuras, su nariz recta y su mandíbula marcada, una barba recortada muy cuidada, su cuerpo estaba envuelto en un perfecto traje a la medida.
Aparto la mirada de el y vuelvo cerca de mi madre, quien se aleja con repudio y avergonzada.
—Ella es mi hermana— sin mucho ánimo, responde Clarissa.
La decepción en su voz hace que el hombre arrugue las cejas, mirándola.
—Él es Roman, mi hijo mayor, y el nuevo Don— dice el señor Russo, orgulloso palmeando el hombro de su hijo.
Tragando grueso lo miro nuevamente, y me quedo helada al descubrir que él ya me mira.
—Bueno, pasemos a la mesa y ustedes dos, vayan y conozcan a todos— ahuyentó la madre de Noel a mi hermana y al mencionado.
Con anhelo, observo como se van, riendo y dándose besos.
Mis manos se apretaron entre si, mirándolos.
Mi madre se acercó a mi.
—Comportate y piérdete — me miró a los ojos.
Y sumisamente, asentí, buscando que hacer para alejarme de ellos como querían.
Me acerque a la mesa, estaba ordenada con pequeños cartelitos con nombres sobre los platos, indicando el lugar de cada uno.
Así fue como descubrí que estaba al lado de Roman y frente a la parejita feliz.
Unos minutos después comenzaron a entrar todos.
Espere a que mi madre me permitiera sentarme, cuando asintió y la mayoría ya había tomado su asiento, tome el mío.
Mirando a Noel, quien no apartaba la mirada, ni las manos de mi hermana.
Baje la mirada a mi plato. Soy tan tonta.
A mí izquierda, estaba mi madre y luego mi padre, a la derecha de Clarissa, estaba Justin.
La comida se sirvió, y en silencio comí. Hasta que comenzaron a hablar.
—Bueno, me alegra verlos tan felices. ¿no sé ven preciosos?— la voz de la madre de Noel me hizo mirar a mi hermana.
Ella sonreía dulce hacia su futura suegra. Noel le beso la sien, atrayendo su atención a el.
Agachando la mirada, me mordí el labio, sintiendo que estaba perdiendo el control.
Roman carraspeó.
—Noel, me sorprende que seas tan cariñoso, ¿No estabas en una relación con otra chica?—
El aire se atasco en mi pecho, sin querer levantar la mirada, pero al final lo hice. Pude ver la molestia en el rostro de Noel, y la mirada matadora sobre mi de parte de mi hermana.
Joder.