📖 CAPÍTULO 1 - LA CENA

525 Words
La lluvia no cesaba. Golpeaba los ventanales de la mansión como dedos insistentes, creando un ritmo incómodo... casi hipnótico. Dentro, el aire era distinto. Pesado. Expectante. El primero en bajar al salón fue Adrián Rivas. Ajustó el puño de su camisa mientras observaba la mesa perfectamente preparada. Ocho lugares. Ocho copas de vino ya servidas. Frunció el ceño. -Siempre le gustaron las entradas dramáticas... -murmuró. Pero su voz no sonaba divertida. -No es dramatismo... es control. Adrián giró. Clara Vélez estaba apoyada en el marco de la puerta, con los brazos cruzados. Impecable. Como si la tormenta no la hubiera tocado. -Nada aquí es casual -añadió ella. -Eso suena a advertencia -dijo una tercera voz. Tomás Ibarra entró, secándose las manos con un pañuelo. -O a experiencia -respondió Clara sin mirarlo. Entre ambos, el aire se tensó. Había historia ahí. Y no era buena. Pasos suaves interrumpieron el momento. Elena Salazar, la ama de llaves, apareció en silencio. -El señor Rivas bajará en breve -anunció. Su tono era neutro. Demasiado neutro. -Claro -dijo Adrián, con una sonrisa que no alcanzó sus ojos-. Siempre nos hace esperar. Uno a uno, los demás fueron entrando. Lucas Ferrer, inquieto, mirando constantemente su teléfono... sin señal. Valeria Montes, observando cada detalle como si ya estuviera escribiendo la escena en su mente. Sofía Duarte, elegante... pero fuera de lugar. Nadie la saludó por nombre. Y finalmente- Mateo Cruz. Tranquilo. Silencioso. Mirando más de lo que hablaba. -Qué curioso grupo -comentó Sofía, tomando su copa-. ¿Todos se conocen? Nadie respondió de inmediato. -Lo suficiente -dijo Tomás. -Más de lo que nos gustaría -añadió Clara. Valeria no habló. Solo miró las copas. Luego el reloj en la pared. Luego la puerta. Algo no encajaba. Las luces parpadearon. Un segundo. Dos. Y entonces- La puerta principal del salón se abrió lentamente. Don Esteban Rivas apareció. Imponente. A pesar de su edad, su presencia llenaba el espacio. -Gracias por venir -dijo, con una calma que incomodaba-. Sabía que ninguno rechazaría la invitación. Sus ojos recorrieron la mesa. Uno por uno. Deteniéndose apenas un segundo en cada rostro. Como si midiera algo. -Tomen asiento. No fue una sugerencia. El sonido de las sillas arrastrándose rompió el silencio. Todos obedecieron. Don Esteban levantó su copa. -Esta noche... -empezó- Pero se detuvo. Sonrió. Levemente. -Antes de cenar, quiero que sepan algo. La lluvia golpeó con más fuerza. Nadie respiró. -Los invité porque cada uno de ustedes... -hizo una pausa- ...tiene algo que ocultar. Silencio total. Lucas soltó una risa nerviosa. -Eso es un poco dramático, ¿no? Don Esteban lo miró. Y la risa murió. -No -respondió-. Es preciso. Valeria apretó los dedos sobre su regazo. Clara no se movió. Adrián evitó la mirada de su padre. Sofía... sonrió. Mateo, en cambio- Solo observó. -Y esta noche -continuó Don Esteban- todo saldrá a la luz. Un trueno sacudió la mansión. Las luces titilaron. Y por un instante... nadie se sintió a salvo. Don Esteban alzó la copa una vez más. -Por la verdad. Nadie brindó. Pero todos bebieron. Y en ese preciso momento... alguien ya sabía que esa sería la última cena de Don Esteban Rivas.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD