Empaco todo lo necesario. Me coloco unos pantalones de mezclilla y un t-shirt n***o sin diseño. Mi cabello recogido en una coleta y unas botas que llegan hasta las rodillas. Desengancho un abrigo n***o y me lo tiro por encima. Siento que voy a la guerra, a un misterio y a lo desconocido. Agarro el bolso de mano que me pesa una tonelada y salgo de la habitación. Santiago sigue de pie al lado de mi puerta. —¿Lista? —me pregunta desde que me ve salir. —Lo más que pude. —Bien. —Comienza a caminar hacia la puerta de salida—. El chofer nos espera. —¿Puedo saber adónde vamos? —Lo sigo. Se detiene, me quita el bolso de mano y se lo engancha—. Gracias. —Vamos adonde estarás segura. ¿Confías en mí? Lo miro. No sé qué demonios responder. Una gran parte de mí confía en él, pero hay tantas cosa

