La verdad es que hay pocas cosas que me gusten más que masturbar a una mujer en la oscuridad de un cine o un teatro, ir tocándole la rodilla, sentir cómo van cediendo lentamente sus barreras y acabar sumergiéndonos en el placer con la excitación extra de que alguien nos pueda descubrir. Quizás por eso me gusta tanto el cine. Salíamos del Encuentro de Proyectos Cinematográficos, una iniciativa para promover nuevos realizadores. En una mesa redonda íbamos presentando nuestros proyectos de guión y un grupo de profesionales consagrados nos los valoraba y recomendaba a los productores los mejores guiones presentados. Allá había una serie de personas que, como yo, eran futuros nuevos realizadores que acudían con sus proyectos. Entre ellos estaba Andrea (29 años), una vieja amiga de la escuela d

