La mansión de los Hamptons brillaba bajo las luces cálidas que iluminaban la noche. Los invitados, vestidos con elegancia, se movían por los salones con copas de champán en mano, las conversaciones llenas de risas y murmullos sobre negocios, moda y los últimos rumores. Miranda, deslumbrante en un vestido rojo que acentuaba su figura, se encontraba junto a un pequeño grupo de conocidos, su sonrisa un tanto tensa mientras miraba de reojo a Seven. Él estaba al otro lado del salón, atrapado en una conversación con Selena.
Selena. El nombre resonaba como una espina en el costado de Miranda desde que esa mujer llegó esa noche allí. La mujer, siempre impecable, irradiaba una confianza que rozaba lo provocador. Con un vestido n***o que dejaba poco a la imaginación, se movía cerca de Seven como si cada palabra suya fuera un secreto compartido. Miranda trataba de mantenerse tranquila, segura de que Seven sabría cómo manejarla. Pero algo en la forma en que Selena inclinaba su cabeza al reír y cómo colocaba una mano en el brazo de Seven hizo que el estómago de Miranda se revolviera internamente.
—No entiendo cómo soportas a esa mujer, Miranda —comentó una conocida al notar su mirada.
Miranda sonrió con amargura. "Ni yo lo entiendo." Pensó Pero ro no lo dijo en voz alta. En cambio, alzó la barbilla y continuó conversando, tratando de ignorar la sensación creciente de que algo iba terriblemente mal, luego de que habían estado tan bien con Seven esos últimos días.
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Del otro lado del salón, Selena se inclinaba hacia Seven, reduciendo la distancia entre ellos con movimientos sutiles pero finamente calculados.
—Es curioso, ¿no? —dijo Selena, su voz baja pero lo suficientemente alta para que Seven la oyera por encima del ruido de la fiesta—. Cómo todos creen que este matrimonio que tienes con ella es real.
Seven frunció el ceño y apartó su brazo de su alcance, adoptando una postura más rígida.
—¿A qué te refieres, Selena? —preguntó con frialdad.
Selena sonrió, encantada de haber captado su atención.
—Vamos, Seven. Todos sabemos que esto fue un arreglo, una farsa bien montada para el público. Pero mírate ahora, fingiendo que estás enamorado. Casi que me lo creo.
Seven la miró, su mandíbula apretada.
—Ya estás borracha...No tienes idea de lo que estás diciendo.
Selena soltó una risa suave y dio un paso más cerca, hasta que su perfume dulce y envolvente llenó el aire entre ellos.
—Oh, por favor. La gente como tú YA LO SABEMOS, se casa por conveniencia y así siguen, no se enamoran. Pero no te preocupes, Seven. Si alguna vez te cansas de jugar a la casita con tu flamante esposa, aquí estoy como siempre. Lista para recordarte lo que es el verdadero placer, junto a una verdadera mujer.
Y antes de que Seven siquiera pudiera reaccionar, Selena se inclinó y lo besó, rápida y estratégicamente. El gesto fue breve, pero lo suficiente para que cualquier observador malinterpretara la situación. Seven la apartó de inmediato, su expresión de incredulidad y enfado.
—¿Qué demonios estás haciendo, Selena, acaso te has vuelto completamente loca? —gruñó, limpiándose la boca con el dorso de la mano.
—Solo recordándote lo que te estás perdiendo, cariño —respondió ella, con una sonrisa juguetona y le guiñó un ojo.
Pero mientras Selena retrocedía con una mirada triunfante, Seven se dio cuenta de algo mucho más preocupante. Miranda, parada cerca de la entrada del salón, había visto todo. Sus ojos, normalmente llenos de calidez, estaban oscuros de dolor y decepción. Y antes de que Seven pudiera acercarse a ella, Miranda dejó caer su copa de champán en una mesa cercana y se dirigió hacia la puerta principal.
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La brisa fría de la noche golpeó a Miranda mientras salía de la mansión. Su corazón latía con fuerza, no tanto por el beso, sino por la duda que Selena había sembrado en ella. Había llegado a leer sus labios ...¿Habría algo de verdad en sus palabras? ¿Era acaso su matrimonio solo un teatro bien montado? Durante meses había luchado por creer que Seven finalmente se enamoraría de ella, y esos últimos días había comenzado a creer en lo que tenían, en la conexión que había crecido entre ellos dos. Pero ahora… ahora todo se sentía frágil, como un cristal a punto de romperse, o un castillo de naipes.
No miró atrás mientras subía a la limosina que la había traído. Sabía que si Seven la seguía, sería incapaz de mantener su compostura y aún no estaba lista para confrontarlo.
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Seven salió al jardín pocos minutos después, buscando desesperadamente a Miranda. Su mirada escaneaba entre los autos, pero la vio partir justo antes de que pudiera alcanzarla. Maldijo en voz baja y regresó apresuradamente a la mansión donde se celebraba el evento, ignorando a Selena y a todos los invitados que intentaban detenerlo para hablar. Su única preocupación ahora era Miranda.
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La casa de los Hamptons estaba en completo silencio cuando Seven llegó. Entró apresuradamente, llamándola por su nombre.
—¡Miranda! ¡Miranda, por favor, déjame explicarte!
El eco de su voz fue la única respuesta. Subió las escaleras de dos en dos, con la esperanza de encontrarla en su habitación, pero lo que vio al entrar le hizo detenerse en seco. Los armarios estaban vacíos, y las pocas pertenencias de Miranda que solían decorar la habitación habían desaparecido. En el tocador, una nota breve descansaba sobre una hoja de papel doblada. La tomó con manos temblorosas y leyó:
"No puedo seguir así. Necesito tiempo para pensar. Por favor, no me busques."
Seven apretó la nota entre sus manos, sintiendo sorpresivamente cómo su mundo se desmoronaba.
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Miranda, por su parte, estaba en un pequeño hotel a unos kilómetros de distancia. Había tomado una decisión impulsiva al empacar todas sus cosas y marcharse, pero en su corazón sabía que era lo correcto. Necesitaba distancia, claridad. Amaba a Seven, eso era indudable, pero no podía seguir siendo la sombra de sí misma en un matrimonio donde la confianza tambaleaba. Apoyó su cabeza en las manos mientras se sentaba en el borde de la cama, las lágrimas cayendo en silencio.
Por primera vez en meses, se permitió cuestionarlo todo. ¿Era esto amor? ¿O solo una ilusión que ella había construido para mantenerse a flote en un matrimonio arreglado?
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De vuelta en los Hamptons, Seven se sentó en la cama vacía, con la nota de Miranda aún en las manos. Había pasado de la confusión al enfado, y del enfado a una determinación firme. No iba a perderla, no por un error de Selena ni por los miedos que ambos habían acumulado, especialmente él. Y ahora que se daba cuenta que la quería en su vida, a su lado, se prometió a sí mismo que encontraría una manera de arreglarlo.