La mañana llegó con un cielo gris claro, aunque ya sin rastros de la tormenta de la noche anterior. La casa olía a café recién hecho y pan tostado. Mariposa bajó las escaleras con el corazón aún tenso y la mente atrapada en lo ocurrido con Seven. En la cocina, Maggie desayunaba en silencio con los audífonos puestos, hojeando una revista. Su hermano menor, Momo, jugaba con piezas de construcción sobre la mesa, completamente concentrado en el castillo que intentaba armar. —Buenos días —dijo Mariposa con un tono amable. Maggie alzó una ceja y asintió con la cabeza. No fue una sonrisa, pero tampoco una expresión de rechazo. Ya era un avance. Momo sí le respondió con entusiasmo, mostrándole su construcción improvisada. —Mira, se supone que es un hospital, pero también puede volar. Mariposa

