Seven llegó a Chicago al caer la tarde. El vuelo había sido tranquilo, pero su mente estaba lejos de la calma. Durante todo el trayecto, no podía dejar de pensar en Miranda, en sus palabras cortantes y en el dolor evidente que había en sus ojos. Aunque había intentado convencerse de que el trabajo era su prioridad, la realidad era que se había comenzado a sentir perdido sin ella. El hotel donde se alojaba era lujoso y moderno, pero su esplendor no lograba disipar el vacío en su pecho. Subió a su habitación, dejó el equipaje a un lado y se dio una ducha rápida para despejarse. El agua caliente no solo relajó sus músculos tensos, sino que también le dio un breve momento de claridad. Sabía que debía llamar a Miranda, decirle algo, pero no estaba seguro de qué. Tal vez solo escuchar su voz a

