Capítulo 5 La promesa

1229 Words
Despierto, completamente aterrada, con la respiración acelerada y el corazón latiéndome a mil kilómetros por segundo. Salgo de la cama como si hubiera sido eyectada y corro hacia la puerta. Por fortuna, el seguro no está puesto. Tengo que regresar con mi familia. No sé qué demonios está pasando, pero no voy a permitir que me manipulen de esta manera. Apenas cruzo el umbral choco de frente con otra persona. Platos, bandejas, cubiertos y vasos vuelan por los aires antes de estrellarse contra el piso. ―¡Virgen María Purísima! ―ambas caemos despatarradas sobre el piso. Me quedo mirándola como si hubiera visto una aparición―. ¿Estás bien, mi niña? Aún no salgo de la impresión. Se pone de pie, sacude su vestido lleno de restos de alimento y mira el desastre regado en el piso. ―Pensé que solo se trataba de una alucinación macabra creada por mi imaginación. Menciono con palabras entrecortadas. Ella sonríe y me ofrece su mano. ―Soy de carne y hueso ―observo cada palmo de su rostro familiar, aún sigo sin creer que esté aquí―. Eso sí, con más años de los que tenía cuando te fuiste. Trago grueso. Despedirme de ella fue una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida. ―¿Por qué sigues aquí? Me mira en silencio. ―Ven, regresemos a la habitación. Te prometo que te lo contaré todo. El contacto con su mano me produce la misma emoción que sentí el día que la conocí. Entramos a la habitación y me invita a sentarme en la cama. ―Tengo que volver con mi familia. No puedo quedarme aquí. Una sonrisa sutil se extiende en su boca. ―Así que mi niña se enamoró. Cierro los ojos e inhalo profundo. Extraño a mi familia y a mis hijos. ―Robert es un hombre maravilloso. Casi en el acto me arrepiento de haber mencionado su nombre. ―¿Robert? Así que ese es su nombre. Me mantengo en silencio. No sé si pueda confiar en esta mujer como lo hice antes. ―Puedes confiar en mí, Victoria. Sería incapaz de traicionarte. Responde a mi pregunta no hecha, como si hubiera leído mis pensamientos. ―Te quedaste aquí aún después de lo que pasó. Niega con la cabeza. ―Tuve que hacerlo. ¿En serio? ¿Cree que su respuesta me convence? ―¿Quién en su sano juicio se queda viviendo junto a un hombre tan detestable como ese? ―señalo con mi dedo hacia la puerta―. ¡Llegamos a un acuerdo! ¿Olvidaste todo lo que me hizo? Cierra los ojos y baja la mira con vergüenza. ―No tuve elección, Victoria. ¿Qué no tuvo elección? ―¡La única que no tuvo elección en esta historia fui yo! ―grito, exaltada―. Ese hombre arruinó mi vida ―el tono de mi voz comienza a decaer―. Tiene en sus manos la sangre de mi hijo… El recuerdo de mi pérdida sigue doliendo en lo profundo de mi corazón. Nunca pude superar la muerte de mi bebé. Un ser inocente que nunca pedí, pero que llegó a mi vida cuando más lo necesitaba. ―No, cariño ―se acerca y toma mis manos entre las suyas―. Tu bebé no está muerto. La miro horrorizada. Me suelto de su agarre con un manotazo y me pongo de pie. ―¿Por qué me haces esto? ―pronuncio son un sollozo―. ¿Compró tu consciencia? Abre sus ojos con impresión y niega con la cabeza. ―No, mi niña. ¿Cómo puedes pensar eso de mí? ―me mira dolida―. Nunca sería capaz de traicionarte. No es lo que a mí me parece. ―Te quedaste aquí después de prometerme que también te irías. Se acerca a mí, con sus ojos llenos de lágrimas. ―No pude irme ―me indica con su voz temblorosa―. Me quedé aquí para proteger a Guillermo. ¿Guillermo? Hago memoria. El producto que usaron para drogarme tiene mi memoria alterada. No soy capaz de diferenciar entre lo real y lo imaginario. Cierro los ojos y me llevo la mano a la frente. Entonces, recuerdo al pequeño niño rubio con sus ojos azules. Tan idéntico a… a… ―¿Por qué tanta insistencia en hacerme creer que es mi hijo? —me acercó y envuelvo mis dedos alrededor de su muñeca derecha―. ¿Te está obligando a que lo hagas? ¿Qué pretende con este artificio? ―una mueca de dolor aparece en su rostro. La suelto al darme cuenta de que la estoy apretando con más fuerza de la necesaria―. Lo… Lo siento, yo... Extiende su mano y la apoya en mi mejilla. ―Tienes que escucharme, por favor. Inhalo profundo. ―Habla. Asiente en acuerdo. ―La misma noche que te marchaste, Christopher por poco se vuelve loco. Su mundo se derrumbó cuando supo que lo habías abandonado. Nunca antes lo vi en tal estado de desolación. Río con ironía. ―¡Ese maldito no siente compasión por nadie! Espeto con rencor. ―No lo estoy justificando, mi niña. Solo te estoy contando lo que sucedió después de que te fuiste ―me mira con ojos suplicantes―. No volvió a actuar como él mismo. Desde entonces, se transformó en un hombre cruel y despiadado. Es como si de repente el sol se hubiera ocultado para él y la oscuridad tomara control de su vida. ―Nunca fue un hombre de luz. Asiente en acuerdo. ―Fue otro desde que te conoció, Victoria ―giro la cara y miro hacia otro lado―. Fuiste todo para él. Se convirtió en otro hombre por ti. Borro cada recuerdo de ese pasado que intenta colarse en mis pensamientos. ―Nada lo absuelve de las atrocidades que hizo en su vida. Suspira con resignación. ―No, tienes razón. Pero hizo todo cuanto pudo para ser digno de ti. Me alejo de ella y camino hacia la ventana. ―Pero no fue suficiente ―observo el paisaje que una vez me pareció maravilloso. Me enamoré de este lugar cuando lo vi por primera vez, pero ahora solo me resulta frío y sombrío. Me doy la vuelta y la miro a los ojos―. ¿Por qué me trajo de vuelta? Suspira, resignada. ―No fue él quien lo hizo. La miro con los ojos entrecerrados. ―Entonces, ¿Por qué estoy aquí? Traga grueso. ―Porque le dije donde podía encontrarte, mi niña. Fui yo la que hizo que te buscara y te trajera de regreso a casa. ¿Qué está diciendo? ―¿Tenes idea de lo que hiciste? ―aprieto mis manos en puños―. ¿Me apartaste de mi familia para traerme de regreso a una vida que he tratado de olvidar para siempre? ¿Quién te dio derecho para lastimarme de esta manera? Estoy que lanzo fuego por la boca ―Lo hice, porque tú eres la única persona que puede hacer reaccionar a Christopher antes de que sea demasiado tarde. ¿Qué? ―¿Tarde para qué? Mi corazón comienza a latir desenfrenado. ―Para que evites que cumpla con la promesa de asesinar al hombre que conquistó tu corazón.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD