Liam no tomo a bien la noticia de que su niña quisiera casarse con su abusador, pero tampoco discutiría con ella, Liam no le provocaría ningún malestar a su hija, pero Eros era otra cosa, mientras Kimberly trataba de procesar la historia que su hija acababa de inventar, esa donde tanto Eros como Lucero eran responsables de un embarazo y un malentendido los había separado, el señor Simón llegaba a la mansión Zabet, sin ningún tipo de seguridad con él, no la necesitaba. — Señor Simons que gusto tenerlo aquí. — dijo Candy con calma, pero su rostro surcado de preocupación la delataba. — ¿Dónde está tu hijo? — indago con un poco de rudeza, aun, sin quererlo. — Cuide su lengua Señor Simons, puede ser que Eros este enamorado de la princesa, pero yo no permitiré que le hablen así a mi madre. —

