Dulce corrió los pocos metros que la separaban de la pelea que protagonizaban su hermano y el hombre que le había dado su primer beso y que había puesto de cabeza su mundo. Era consciente que no podría hacer mucho, ella a diferencia de su hermano y primos solo sabia unas técnicas de defensa personal, siempre confió conque su familia pudiera defenderla y protegerla, pero ahora se arrepentía, ¿Qué podría hacer para detener todo aquello? Fue así como sin pensar demasiado se interpuso entre ambos, quedando de frente a Tiago y de espaldas a su hermano.
Muchas veces había escuchado a su padre y madre decirles que jamás le dieran la espalda a un enemigo, nunca debían subestimar a su oponente, y en esta situación el enemigo era Tiago, por lo que se plantó frente a él sin tener muy claro que haría, lo que nunca imagino es que el golpe vendría de su espalda.
Hades siempre había sido marcado como el sucesor del Ángel de la muerte, todos veían el potencial del joven, el cual hacia solo unos meses había matado a su primera víctima, ganando de esa forma el titulo oficialmente, pero tenía un gran defecto, era impulsivo y se cegaba una vez la lucha comenzaba.
Tiago vio a la pelinegra materializarse frente a él, sus ojos cristalizados cubiertos de pena y confusión, la comprendía, Dulce no entendía nada de lo que estaba pasando y no sería él quien lo explicara, a pesar de la furia que el moreno sentía en su corazón, no podía golpear a esa belleza, no solo porque era una mujer, sino porque era ella, Dulce. No le tomo mucho esfuerzo detener el golpe que estaba a punto de dar, al ser cantinero había aprendido a manejar mejor su furia y fuerza, para terminar las peleas y no comenzar nuevas, por lo que simplemente quedo parado viendo el hermoso celeste de los ojos de Dulce, el que no pudo reaccionar a tiempo fue Hades.
Su mano hecha puño impacto con la nuca de su pequeña hermana, enviando una ola de dolor que el pequeño cuerpo no soporto, por lo que simplemente se desmayó, Tiago a pesar de que estaba aturdido por lo que veía, pudo reaccionar a tiempo para tomar el delicado cuerpo de Dulce y que no golpeara con el piso de porcelanato pulido.
— Dulce.
Fue solo un susurro que salió de los labios de los presentes y que formaron una especie de grito, no solo de los que estaban involucrados en la pelea, también de varios compañeros de clase, la pelinegra era una joven que se hizo querer desde el primer momento, alegre, simpática, empática, si tuvieran que hacer un concurso de la mejor persona que se encontraba en aquel lugar ella seria la ganadora por unanimidad.
— ¿Qué mierda hiciste? — si antes la mirada chocolate de Tiago mostraba furia, ahora se podía reflejar en ella la ganas de matar que tenía.
—Suelta a mi hermana. — la orden de Hades se vio opacada por el grito de Lucero.
— ¡Por Dios! ¡¿qué hicieron?!
La cafetería de la universidad pronto se convirtió en el caos absoluto, fue necesario la intención de varios guardias y del director para que el orden regresara.
El resultado de ese día fue aún peor, Dulce termino en el hospital durante dos días, en los cuales se le realizo todo tipo de estudios solicitados por Hades, él mejor que nadie sabía que tan duro eran sus golpes y las consecuencias de ellos, Tiago termino detenido por 48 horas para averiguación de antecedentes, el moreno era inteligente por lo que cuando se lo confronto por lo sucedido, solo dijo que fue todo un mal entendido, ya que es dueño de un bar y que confundió a Hades con una persona que le debía dinero, algo que no conformo a nadie, pero aun así no tenían nada para detenerlo, el resto de los involucrados fue suspendido por una semana, ellos eran poderosos, y poseedores de una fortuna incalculable, en especial Lucero, pero aun así el director de la universidad debía mantener la orden.
— Neri… sé que estás ahí… Neri. — Lucero golpeaba la puerta del mafioso por quinta vez en dos días, obteniendo el mismo resultado… silencio. — Neizan, no comprendo porque estas enojado, no es justa tu actitud, se supone que los amigos… — antes que la joven continuara con su monologo la puerta se abrió, dejando ver al futuro mafioso con un aspecto que incluso a ella la asusto. — Neri…
— Aléjate de mí, olvida este tiempo que pasamos juntos, a ver si lo entiendes, no somos amigos. — la seriedad en su rostro era escalofriante.
— Sé que dices eso porque estas enojado, pero no entiendo por qué. — algo pinchaba en el corazón de la Bach, el rechazo.
— No estoy enojado, solo que me canse de obedecer, tú lo dijiste, soy libre, ¿recuerdas? Estoy tomando mi decisión, desobedeciendo a mi familia, mi clan. — Neri no se veía alterado, su voz siempre se mantuvo en un tono normal.
— ¿Tu decisión? ¿desobedecer a tu familia? — Lucero era inteligente y mucho, pero se negaba a creer aquello.
— Era la orden de mi familia ser tu amigo, ganarme tu confianza, y así poder llegar a los Bach, entiende princesa, nadie se acercaría a ti por voluntad propia, todos te temen más que a mi e incluso a Hades, eres un fruto prohibido, la puta manzana que te lleva a pecar, porque cualquiera que esté a tu lado se ve corrompido por tanto poder, deja de ser libre y se convierte en un esclavo de tus caprichos de niña mimada, alguien como tú que tiene el poder y los medios para hacer desaparecer y destruir a quien quiera, comprende, jamás quise estará a tu lado…
Neri Neizan jamás supo lo que era tener pena, empatía o malestar alguno, hasta ese día, el día que le mintió a Lucero viendo sus ojos llenándose de tristeza poco a poco con cada palabra que él decía, sus tripas se retorcían al saber que la estaba lastimando, pero era lo mejor, Neizan vio el brillo en los ojos de su amiga el día que amenazo a Eros, ella lo amaba y a pesar de que él era un mafioso y un hombre duro, sabia ver más allá de todo, ese no era un enamoramiento de adolescente, Lucero se había enamorado a primera vista de Eros y él no sería quien los separara, porque Neizan sabía que si la mantenía como amiga, Eros no la voltaria a ver.
— Comprendo.
Fue todo lo que salió de los labios temblorosos de la joven, con toda la dignidad del mundo giro sobre sus talones e ingresó a su departamento, donde se dio permiso de llorar en silencio, ella era Lucero Bach, nacida en la familia más poderosa que este mundo pueda tener, y la soledad era su mejor amiga, lo comprendía ahora, la abrasaría y atesoraría, por siempre.
El departamento de los Zabet Ángel no era mejor, la culpa golpeaba a Hades, y el dolor a los otros tres.
Eros paso los días tratando de comprender que fue aquello que sintió cuando Lucero lo toco, ese calor que se extendió por su cuerpo, no podía ser otra cosa que deseo, se dijo una y otra vez, la joven Bach había despertado la curiosidad de más de uno, y él no era la excepción, este hombre no creía en el amor a primera vista, eso no era lo suyo, menos a un después de descubrir que las mujeres morían por estar con él, un amante candente, pero también tierno, un caballero en público y un diablo en la cama, definitivamente no podía ser amor, solo era deseo de probar esa piel color crema, de saber cómo se sonrojaría cuando él la besara al completo, claro que había un problema, Neri Neizan, estaba seguro que el idiota tenía las misma intenciones que él con Lucero, llevarla a la cama, probar su néctar y eso lo enfurecía aún más que el saber que el mafioso una vez estuvo cortejando a su hermana.
Dulce paso toda la semana en cama, no por el golpe recibido, ella vio en los ojos de Tiago rencor y dolor, todo dirigido a ella, y algo en su interior le hizo saber que un abismo los separaría, no podía permitirse caer o perseguir a un hombre, todo por ser el primero que la beso, claro que no, ella haría su pequeño duelo y seguiría con su vida, en su interior sabía que Tiago se fue contra Hades aun sabiendo quien era, ella no creía ese mal entendido que el moreno había presentado como escusa por comenzar la pelea, y si Hades no lo conocía, lo más probable es que el joven tuviera cuentas que arreglar con su padre Matt, y si ese era el caso, era porque había muertos de por medio, no, Dulce no sufriría por un espejismo, le gustaba el moreno, obvio que sí, lo amaba, no estaba segura, y no pensaba averiguarlo, solo debía mantenerse del lado contrario de la ciudad y no lo vería más, podría seguir con su vida.
Zafiro estaba peor que al principio, ella si sabía que amaba a su mafioso lo había reconocido hace mucho tiempo, pero el muy perro se atrevió a tocar a su hermano y por más que Eros podía defenderse solo, ella era una persona filial, nadie lastimaba a su familia, ni siquiera el hombre al que amaba, se propuso que lo mejor era darle una oportunidad a Max, y así purgar de su cuerpo y mente a Neri, aunque sabía que su corazón seria otra cosa.
Mientras Hades se dejaba llevar por el remolino de culpabilidad que tenía en su interior, ¿sería que nunca podría proteger como se debe a su familia? recordaba con claridad el día que llamaron para informar el accidente de su prima Victoria, la desesperación de no poder hacer nada, peor aun cuando salió en busca de Rosita, ese día ella le había pedido que la acompañara a su primer cita, pero él estaba demasiado ocupado indagando a que tipos de operaciones se podía someter Victoria para que recuperara la vista, por lo que le dijo que no, y que ya era tiempo que dejara de depender de él para todo. Se sentía el mayor idiota del mundo al enterarse que la joven que había sido adoptada por su tía, en realidad le había pedido que la acompañe porque el muchacho con el que se vería era 10 años mayor y no se sentía muy cómoda con él, solo había aceptado la salida al cine para ver si de esa forma podía hablar con él y aclararle de una vez por todas que no tenía posibilidad con ella. Hades salió de inmediato ante el comentario de su madre.
— Solo espero que ese hombre mantenga sus manos quietas, o mi voz será lo último que escuchara.
Hades sabía que el apodo de su madre era el susurro de la muerte, pero si ese fuera el caso, por más que su madre lo matara, el daño estaría hecho, subió a su moto y en menos de diez minutos estaba en el cine que Rosita le había mencionado, no estaban allí, salió desesperado y fue gracias a los gritos de su prima que la pudo encontrar, tirada en un callejos oscuro, con aquel maldito sobre ella, tocando su cuerpo mientras las lágrimas de la joven morena corrían por su rostro, no lo pensó, no ubo necesidad, esa fue la noche que recibió el apodo formalmente, un nuevo Ángel de la muerte nacía, pero ¿a qué costo? ahora él mismo había lastimado a su hermana y ese pensamiento le llevo a otro, si en lugar de un puño, hubiera tenido su arma, si en lugar de un golpe él hubiera matado a su única hermana.
El tormento de un asesino es grande. Y Hades lo estaba comprendiendo.
Solos, así era como se sentían, así se mantuvieron durante toda la semana, Tiago no contacto a Neri, el moreno tenía mucho que pensar, Dulce, Matt, Hades, sus padres, la venganza que juro sobre sus tubas, ¿Cómo se le había pasado por alto que Matt tenía una hija? Porque nadie lo sabía, solo se conocía la existencia de Hades, su sucesor, ¿Por qué la ocultarían? Porque era lo que más quería el asesino de sus padres, entonces como si una corriente lo sacudiera vio todo con claridad, Hades era un asesino, Matt estaba preparado a perderlo llegado el caso, era el riesgo del trabajo que cumpliría, pero Dulce… ella ni siquiera sabía pelear, ella era… Dulce, la llave a su venganza.