Deuda.

1988 Words

Lucero jugaba con su desayuno, bajo la atenta mirada de su madre, algo le sucedía a su hija, pero le daría su espacio, Kimberly sabia mejor que nadie lo que era ser asfixiada de amor y sobre protección, por lo que no le haría eso a su hija, solo estaría allí para cuando la joven quisiera hablar, Neizan sonreía al recordad la llamada que había realizado media hora atrás, él al fin estaría con su Zafiro, y no le importaba a cuantos tuviera que matar para ello, mientras que Tiago y Dulce estaban en su burbuja de amor, causando el sonrojo de todos ante las muestras de amor y palabras melosas que se decían. — Señora, los señores Zabet y Ángel están aquí. – todos los que estaban en aquella mesa giraron, como si hubieran anunciado la muerte de alguien. — Bien, acompáñalos a la sala y atiéndelos

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