La Revelación

1818 Words
Llegué a mi departamento, estaba en silencio, a pesar que vivo sola jamás lo había sentido tan vacío, puse a Adele de fondo y me desvestí, fui al baño y quise recrear todo lo que hice en mi primer encuentro, tomé un baño de tina caliente, mientras miraba mi celular, aprendiendo mas de Lilith en esa página web que encontré al principio. Salía lo que me había explicado la Srta. Anna, que viene a la tierra a aparearse con hombres en forma de una mujer hermosa solo para que la fecunden y poder traer hijos al infierno donde nacen demonios pero sin un cuerpo tangible. Terminé y me fui a secar, me puse crema, perfume y deje la rosa en la puerta y los pétalos rojos hacia mi cama, eran las 3.00 y estaba nerviosa con la esperanza que llegara mi amante secreto, y sentí un frio recorrer por mi espalda, estaba emocionada, al fin llegó, volvería a sentirlo y a estar con él, pero me tomaron por las muñecas muy brusco y me tiraron a la cama, me dolía, rasgaron mi pijama y sentí como me apretaban las piernas para abrirlas, no es él, no es él. Me resistí, no era su aroma, este ser era salvaje, me dolía, me abrió las piernas a la fuerza y rasguño mis muslos, y empecé a llorar, no quería, no si no era él, cuando pienso que ya estoy perdida, siento que se apronta a penetrarme algo entra bruscamente a la habitación y me lo quita de encima, no veo nada solo siento una pelea, veo moverse mis muebles y romperse mi mesa de centro, me pongo mi bata y grito bastaaaaa, por favor bastaaaaaa y siento tanto frío, corro a mi habitación, cierro la puerta me arrodillo en el rincón escuchando la lucha que se vive en el comedor, siento tanto miedo solo puedo llorar, hasta que ocurre un silencio. Estoy aterrorizada, no quiero que vuelva ese ser, no sé qué pasó, no puedo ver nada, pasan 10 minutos de silencio, tomo aire y me levanto, abro la puerta y miro el comedor, los pétalos están regados por todos lados, mi mesa de centro quebrada y mis muebles desordenados, y solo lloro, empiezo a ordenar y no puedo parar de llorar, no sé lo que paso, pero siento tanta pena, estoy recogiendo los pedazos de vidrio de mi mesa de centro y corto mi mano, sale mucha sangre, voy al baño a vendarme, estoy en eso cuando siento un frío como el anterior, tengo miedo y corro a mi habitación y caigo al piso, trato de pararme desesperada, asustada y escucho. — Agatha… — Es él, es su voz, no puedo verlo pero siento su mano en mi mano y me levanta, me toma en brazos y me lleva a la cama, su perfume es exquisito, no puedo describirlo, es una mezcla de tierra mojada y pinos, mientras me lleva me abrazo a él — Por favor no te vayas, tengo miedo — escucho su voz profunda — Tranquila, yo te cuido. — Por favor déjame verte — No puedo. — Por favor, si eso me cuesta la vida, es un precio que deseo pagar.— La habitación se ilumina, y aparece una silueta, luego oscuridad, puedo distinguir por el reflejo de la ventana, una figura varonil, y pongo mi mano en su rostro. — Soy un monstruo, no puedes verme — Para mí no lo eres, no siento miedo cuando te tengo cerca, por favor.— La luz vuelve a mi habitación, ahí está, sentado frente a mí, es hermoso, su pelo largo castaño claro, ondulado, sus ojos azules profundos, dientes perfectos, su pecho marcado, viste una especie de pantalón n***o ceñido a sus caderas y una daga cuelga de su cinturón, es muy brillante, sus brazos son musculosos, pero con muchas cicatrices, es un Adonis, me derrito al verlo, pero a la vez me veo al espejo que está en mi armario y soy tan poca cosa a su lado. Toma mi cara son su mano grande y firme. — Qué pasa. — Eres hermoso, perfecto, por qué llegaste a mí una simple mortal, hay tantas mujeres hermosas, por qué yo — él sonríe — No lo entenderías — veo su reflejo en le espejo, tiene 2 cicatrices en la espalda, grandes y mi curiosidad me gana, y las toco a lo que él toma mis manos y las quita — No, por favor no me toques ahí. — Me intimida su mirada, oscura y profunda, no puedo dejar de mirar sus ojos y solo puedo balbucear — ¿Cómo te llamas? — Azzael — me dice con su voz profunda, que hermoso nombre, algo pasa en mi interior al escucharlo. Mira mi brazo marcado por Lilith — Todo es mi culpa, sabía que esto pasaría, te he condenado por no poder mantenerme lejos. — Que fue lo que pasó hoy ¿por qué no viniste ayer? — Era un trato con Lilith se pone insoportable, nosotros los caídos podemos engendrar hijos ya que es la mujer la que crea el cuerpo y eso la enfurece, porque ella no puede, así que nos prohíbe tener una relación con humanas, y le dije que me alejaría pero a cambio no podía tocarte ni dañarte, pero envió a uno de sus engendros a tomarte a la fuerza, yo estaba llegando a cuidarte mirándote de lejos cuando lo vi. — ¿Puedes verlos? — Sí, son como ustedes, solo que no tienen ningún ápice de sentimientos, se mueven por instintos, son salvajes, animales. — Y ¿qué pasó hoy? — Lo borré de la existencia, un caído puede matar a los hijos de Lilith, con esto — Saca su daga, y me la muestra, es hermosa, su hoja tiene un filo indescriptible, parece hecha de diamante, es transparente, y brillante, el mango es dorado con incrustaciones de joyas. — Es hermosa, ¿donde la obtuviste?. — Me la dio mi padre. — Tu padre ¿Te refieres a... Dios? — Sí, a mí y a todos mis hermanos, excepto a Lucifer, él era su favorito, tiene una espada muy parecida a la de Miguel. — Yo conservo ésta porque vengo mucho a la tierra desde hace siglos. — ¿Por qué? — Te estaba buscando Haniel. — ¿Haniel? Yo me llamo Agatha, — Agatha es tu nombre terrestre, Haniel es tu nombre celestial. Quedo atónita, jamás había escuchado que tuviéramos un nombre celestial, pero al oírlo algo se movió en mi alma, es como si hubiese despertado algo en mí. — Es Hermoso, y tú ¿por qué lo sabes? — Porque yo sería tu compañero, nacimos predestinados a estar en parejas, y nos amábamos en el cielo, pero yo me deje llevar, tú me rogaste que no participara de la rebelión, pero solo pensar que te podría perder si no nos encontrábamos al venir a la tierra, me corrompió, y decidí apoyar a mi hermano, nunca pensé que nuestro castigo sería el destierro, llevo eones esperándote, hasta que me avisaron que era tu tiempo y sentí tu alma bajar hace 20 años, estuve presente en tu nacimiento como mortal, y desde ese día te he seguido, te vi ser niña, adolescente, estuve cerca de ti cuando murió orión tu perro, y ese día que venias en el metro y escuchaste Incubo, estaba ahí. Morí de celos, no quería que un engendro de Lilith pusiera sus garras sobre ti, así que puse el velo, para que no te encontraran, — ¿Velo? — Le pregunto intrigada — Sí velo, nosotros somos invisibles por un velo que nos separa, son distintos velos, por ej., tú al nacer pasas por el velo del olvido, olvidas todo lo que vivimos en la vida pre mortal, para ti pasó un día desde que nos separamos, para mi fueron siglos, el tiempo es distinto en el cielo y acá en el infierno. Otro velo es el del secreto, es el que nos hace ser invisibles a sus ojos, el que acabo de descorrer para que me pudieras ver, y otro velo es el de la protección, es el que tienes tú para que los incubos de mi hermana no te vean pero solo funciona si estoy cerca, y mi hermana lo sabia es por eso que me tenia abajo mientras mandaba a uno de sus engendros, cuando me dijo que no tenía que preocuparme nunca más por ti, supe que algo no andaba bien y subí, y lo encontré sobre ti, era uno de los más fuertes hijos de mi hermana pero no tuve problemas en derrotarlo y desaparecerlo, cuando vuelva estará enojada, pero no estoy dispuesto a que te hagan daño, si mueres no podré verte nunca más, en la eternidad, volverás a vivir con dios, y ese es un lugar que jamás podre seguirte. — Pero si muero siendo mala, me iré al infierno contigo. — No funciona así, nosotros los caídos estamos en un nivel, los incubos en otro y las almas perdidas en otro, nosotros podemos bajar al nivel de los incubos y de las almas perdidas, pero ellos no pueden subir a la nuestra, porque desaparecerían de la existencia por nuestro origen celestial. Yo no podría ir a buscarte al infierno de las almas perdidas porque tu estarás viviendo tu propio infierno, en un bucle eterno, no me podrás ver, no me reconocerás, no me recordarás, solo tengo este corto tiempo que estarás en la tierra para estar contigo. De repente la habitación tiembla y se abre una especie de portal y aparece otro ser, es un hombre de tés morena ojos cafés, muy marcado, es hermoso igual que Azzael. — Hermano vamos, nuestra hermana está enojada y está hablando con Lucifer. — Muriel, no puedo dejarla sola — Tranquilo, llegamos a un acuerdo con Lilith no la dañará. — ¿Muriel? ¿Eres Muriel? — Me mira asombrado — Sí ¿me conoces? — Ella me contó de ti. — Se acercó, me miró fijamente — ¿Cómo está ella? ¿Sigue tan bella como siempre? — Extrañándote, jamás te pudo olvidar, — Lo sé, yo tampoco pero tuve que alejarme, es mejor verla de lejos, que no verla nunca más, por toda la eternidad. — Azzael lo mira con pena. — Hermano yo no haré eso, no la dejaré — Debes hacerlo hermano o la condenarás a muerte. — Nooo lucharé contra todos los hijos de Lilith si es necesario. — Yo tomo su mano y lo miro con un amor que no sabía que tenía. — Vé, pero vuelve, te estaré esperando. Mi habitación se oscurece y vuelven las luces, pero ya no está. Me quedo sentada en mi cama, tratando de procesar todo lo que me dijo, Haniel, me llamo Haniel, ese es mi verdadero nombre. Me tumbo en mi cama a tratar de dormir.
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