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4578 Words
Hernando poco explicito también mando algunas fotos de cómo era el socio, un chico de cabello gris con ojos azules y nariz pronunciada que sobre salía unos centímetros de su rostro para no decir que tenía una nariz grande, su parecido físico era al de un cubano aunque este era más claro en su color de piel, se parecía mucho a el actor de películas Antonio Banderas. Fernando trato de memorizar la cara del muchacho para no pasar ningún error en la cita de negocios. Estaba tan estresado que tuvo que salir al balcón del dormitorio sin que Kiny lo viera y fumar un cigarrillo de menta.  Kiny estaba completamente lista, solo faltaba ponerse un abrigo para tapar la espalda desnuda, fue una loca decisión ir con un vestido de escote cuando en la ciudad el clima nunca se elevaba de quince grados centígrados. Fernando volvió a entrar en la habitación con un olor a cigarrillo demasiado intenso, Kiny capto el olor inmediatamente hasta que no pudo evitarlo más. —¿Fumas? —Solo cuando estoy estresado.  —No lo creo. —Pues ya vez que sí. ¿Algún problema? —Sí, no me gusta para nada el olor a cigarrillo.  —Solo es por hoy no te preocupes.  —Eso espero. —Kiny se cruzó de brazos—. ya estoy lista, ¿qué dices nos vamos? —Si.—Fernando con dos fuertes zancadas se pudo delante de Kiny y empezó a desenredar los brazos de la chica para estrecharla en un fuerte abrazo, consiguiendo tener éxito se acercó a ella y le deposito un beso, aunque la chica también presento resistencia. —No me beses con ese olor repugnante. —Disculpa no sabía que te incomodaba tanto. —Si me incomoda mucho, además es horrible.  Fernando se encogió de hombros con resignación y vergüenza. —Perdón. —Está bien, no es tu culpa no sabía que me incomodaba el olor a cigarrillo, pero por favor no vuelvas a besarme después que fumas vale.—Fernando afirmo con la cabeza. Kiny sonrió y se acercó a el—. El cigarrillo es malo te hará daño en los pulmones, no quiero que estés mal. —La chica agarro el hombro del muchacho— Te quiero y las personas que se quiere se les cuida eso es todo. —Si perdóname.  —Ya lo hice quedas perdonado.  —Vamos. —Fernando tomo la mano de Kiny y se dirigió a la planta baja del edificio, allí esperaron quince minutos a que llegara un taxi que los llevaría al restaurant. Luego de tomaron las fauces del vehículo tardaron quince minutos para llegar al sitio donde comerían con los socios. —Nerviosa—Dijo Fernando estando aun dentro del auto.  —Un poco cari.—Gestos indiscretos que acaramelaban la situación.  —Pues ya te dije debes estar calmada. —Sí. Me enfocare en eso.  —Claro. Ten paciencia esto pasara rápido.  El taxi llego al restaurante, Kiny trago saliva mientras que Fernando se bajó primero para luego abrir la puerta de la muchacha. Después de aquel gesto de elegancia ambos subieron por las escaleras a buen ritmo para entrar al restaurant, la recepcionista volvió a jugar una carta importante, preguntaron que si el señor Billy Fox había llegado al restaurante, ella les afirmo la respuesta, claramente después un mozo los llevo hasta donde estaba el susodicho. Fernando agradeció el gesto de amabilidad del chico. Enseguida la cara de Billy le fue conocida a Fernando y se apresuró a sentarse no sin antes dar las buenas noches.  Billy se quedó mirando fijamente a la bella Kiny su vestido corto y su belleza le habían impactado. Fernando se sentó al lado de Billy y Kiny al lado de Fernando. Al lado de Billy también había un señor de edad que traía un traje muy elegante que se parecía mucho al de Fernando.  —Empecemos la reunión.  —SI. Sacaron los primeros papeles.  —Fernando aguilera usted va a ser nuestro socio por muchos años así que espero que nos llevemos muy bien—Billy Fox miro a Kiny con lujuria—Y debo decir que también tiene usted a una asistente muy bonita.  —Gracias.—Se limitó a decir Fernando.  La reunión empezó cuando el mozo puso en la mesa algunas langostas, Kiny inmediatamente puso una cara de desprecio, a pesar de ser una modelo para nada le gustaban las comidas elegantes, aunque en esta reunión debía soportarlo por la empresa, y poco después puso mejor cara esperando que los socios no se dieran cuenta que detestaba la langosta. —Hace mucho que no comía langosta Billy.  —Sí. Por eso la he pedido Hernando me conto ese secreto tuyo.—Fernando ya había sido investigado por Billy, no solo le saco información a Fernando sino también busco algunas cuantas de sabidurías por su propia mano. —Bueno espero que las cosas no se salgan de control aquí porque estamos entre caballeros pero es hora del vino. —Enseguida otro mozo llego con una botella de vino del caro—.Tome usted caballero si es amable.—Dijo Billy confiado.  A Kiny le detestaba de antemano aquella actitud tan arrogante y soberbia del empresario alasqueño, además de entrar en su prototipo de chico malo de secundaria, su voz era comparada con la de un adolescente en desarrollo hormonal, le caía mal de pies a cabeza. Billy Fox era uno de los empresarios más reconocidos de Alaska pero en la mesa de negocios Fernando era el empresario más imponente de Brasil. Kiny en su mente veía como dos reyes que estaban en guerra se sentaban a la mesa a comer un festín mientras sus soldados morían en los campos de batalla, era como la colisión de dos señores feudales hablando de intereses para sus reinos. Billy Fox, como buen lobo mujeriego que era se acercó por detrás de la silla donde estaba sentada Kiny y sirvió la copa de vino, se arre costo casi poniendo su cuerpo encima de ella y pegando su barriga firme en la espalda desnuda de la chica, hasta llegar a la copa para servir el vino. Vertió el vino tan lentamente que el tiempo pasaba en la mesa de negociaciones. Kiny sentía como todos la estaban mirando, Billy se había puesto intenso con ella, y la estaba seduciendo en frente del in-percatado Fernando. Ella sabía muy bien que lo que seguía era nada más que unos toques al cuerpo, para ella seria detestable sentir unas manos tan despreciables como las de Billy Fox en su cuerpo. le daba grima el solo pensarlo y hasta tuvo un pequeño respingo que mantuvo en secreto para que Billy no lo confundiera con alguna otra cosa. El empresario vio que la copa ya estaba en su punto así que se separó lentamente de la chica hasta llegar a sentarse de nuevo. —Bueno—Dijo Billy Fox erguido en su mejor postura y con las manos encima de la mesa, cuidando de no poner los hombros en la misma—. Fernando creo que ire a tu país para la próxima semana.  —Qué bueno. Te espero. —Sí. Por otra parte, quiero que me digas quien va a ser la cara de la constructora, ya sabes el marketing. Fernando trago una pata de langosta y se limpió la cara con parsimonia usando una servilleta de tela, antes de decir alguna palabra.  —Ella.—Apunto a Kiny con el tenedor. Kiny inmediatamente sintió un escalofrío al estar en el foco de la conversa, ahora se tornaría todo muy incómodo, el resto de la conversación seria los estudios, la carrera, la experiencia, todas las cosas que no tenía. Que había conseguido ser modelo, sí, pero con algo de suerte y por ayuda de Fernando. —¡Ella!—Billy Fox parecía impresionado o solo era hipócrita.—Pues ala, es bellísima. Y ¿cuántos años tiene? —Veintidós.—Contesto rápidamente Kiny. —¿Cuanta años llevas en marketing?—Kiny miro a Fernando. —Muchos. —Oh eres reservada. —Si ella es así.—Intervino Fernando en la conversa. —¿En qué colegio de modelaje te has dado de alta? —Eso no importa nada Billy igual yo soy quien lleva el marketing en la empresa. Además la chica es linda eso es lo que cuenta. ¿No?—Fernando había sacado los dientes para proteger a la chica como había dicho antes. Kiny inmediatamente respondió la pregunta del empresario alasqueño sin temor a nada. —Me gradué en la School Style Brazil. Es la mejor del país. —Fernando se impresiono con lo que la chica dijo aunque no lo dejo ver ante nadie, se lo guardo muy adentro para después de la cena. —Muy bien señorita veo que sabe de los medios.  —Obviamente soy modelo. También me estoy graduando en administración de empresas. —Ala una contadora. —Administradora sería el término. —Corrigió Kiny dando caña al vino.  Fernando sonrió para ella en secreto, aunque los empresarios alasqueños no sabían que era lo que les causaba tanto júbilo, Kiny y Fernando estaban en sintonía única.  —Billy Fox—Dijo Kiny con orgullo y zozobra—Si usted no confía en la decisión de su socio para elegir una modelo bella y experimentada, por favor no firme el contrato, como modelo me gustan las cámaras y que me den a conocer, pero como administradora me parece una vergüenza su poca confianza en Fernando.  Fernando quería reír a carcajadas y el pecho se le contraía esperando no reír, para contener la risa se llevó una patita de langosta a la boca para no morderse la lengua, mientras veía el rostro de Kiny seria y decidida. Billy Fox palabreo algunas cosas al oído de su compañero alasqueño.  —Bueno parece que la chica tiene razón. —Se dio por vencido Billy. —Ya bajemos las tenciones empecemos a comer.  Finiquitando las conversaciones hostiles la chica volvió a tomar vino, mientras Fernando conversaba con los socios con más tranquilidad, dos horas después el postre llego, un delicioso postre a base de chocolate, Kiny sonrió fue la primera vez que lo hizo después de saludar en la primera impresión, pero luego las cosas salieron bien y Billy Fox disculpándose por su actitud tan arrogante, aunque como él dijo “Alter egos” que le daba en segundos en su cabeza. Se despidieron de los socios, ellos se fueron primero del restaurante.  —Vaya no sabías que te gustaba la cizaña—Dijo Fernando insinuando a la chica. —¡Ja! Me tenía que defender del patán de turno. —Ok no hay ningún problema. Creo que es la forma de mantener el respeto. Él se estaba sobrepasando. —Sí creo que solo es un patán, además no me gusto que no confiara en ti. —Si tú lo dices. —Claro te tengo que defender.  —Gracias pero creo que lo puedo hacer solo. Ya estoy mayorcito. —Diablos sí que eres mal agradecido. —No, no lo soy, pero sabes también me gustó mucho que me defendieras chica modelo. —Como tú digas empresario.      El alojamiento en Alaska era de lo más divertido para ambos, después de la incómoda cena con los socios, Fernando sugerido que salieran a conocer más la ciudad. Entonces el día siguiente se dedicó de lleno a hacer lo que Kiny decía, disfrutando el último día que tenían en la ciudad. Kiny se levantó temprano y se preparó para salir, despertó a Fernando y lo obligo a llevarla hasta donde vendían las panqueques, haciendo caso a lo que decía la chica Fernando era guiado por la chica hoy parecía según él, que Kiny tenía la energía del sol parecía interminable. La ciudad central era grande y además con abundantes bares, Kiny tras su estadía conoció bien a Alaska, la mañana se fue volando para la pareja de enamorados, que caminaba con las manos entrelazadas por las aceras, viendo vitrinas, escuchando música proveniente de los músicos callejeros, y viendo caer la nieve que hoy se había dispuesto a diluviar en pocas porciones. —Sabes Fernando, Me encanta Alaska. —Sí, ¿porque? —Es fría, bonita y parece un cuento de hadas. —Fernando frunció el ceño manteniendo una sonrisa carismática. —Pero sabes que los cuentos de hadas son ficticios. —Oye no me arruines mis ilusiones. —Kiny inmediatamente golpeo a Fernando en el hombro, pero el empresario apenas hizo una mueca de dolor. —No las estoy arruinando, te estoy haciendo ver la realidad. —¡Ja! Parece que eres un insensible. —No claro que no, siempre dono un par de millones a la caridad.—Fernando se llenó de orgullo el pecho. —No todo es dinero. —Si lo sé. —Entonces porque lo sacas al tema. —Solo para molestarte un poco. Kiny arrugo los labios, contuvo las palabras que quería decir, pero el empresario había dado en el clavo. —Mejor divirtámonos el último día que tenemos en Alaska. —Si mejor. En decisión unánime ambos fueron a pasar el resto del día en el centro comercial antes de volver a casa. Terminando la tarde con un apasionado beso y haciendo Parkourt en las calles de Alaska. Después de una larga jornada en el pueblo alasqueño Kiny regreso a la ciudad, Fernando quedo en que los socios llamarían para el avance y colaboración de las dos empresas así que la chica no tenía que preocuparse por haber arruinado la cita de negocios, Kiny se concentró en dedicarse a su abuelo, cuando llego le trajo algunos regalos para elevarle la moral y poco después fue a visitar a Lily, al llegar al bar, la señora la recibió con una sonrisa en su máxima mueca, casi no podía sonreír más, porque se lo impedían los cachetes, la sentó en una de las mesas adyacente a la pista de baile. Cuando la vio la abrazo y le dio un beso en la mejilla, poco después preparo comida para ella, y comenzaron a hablar. Hablaron un par de horas hasta que le había contado como fue la semana en el país del frio, Lily flipaba con las cosas que le contaba Kiny hasta el punto de reír. Poco después un ruido emergió de la cocina del bar, Kiny mirando al lugar frunció el ceño, pensaba que era una plaga, pero al contrario era una chica de cabello oscuro y piel clara que salía de la cocina con una escoba en la mano, rápidamente esta chica dando largas zancadas se puso enfrente de la señora Lily. —Ya termine con la cocina señora. —Muy bien sigue con el resto. Inmediatamente la chica siguió haciendo su trabajo. —Creo que es mi remplazo.—Dijo Kiny sonriendo. —Para nada, solo que alguien se debía ocupar del desastre de las fiestas mientras tú no estás. —Bueno aparte de eso, ¿quería hablarte de algo? —Si dime. —Bueno… Kiny siguió hablando con la señora Lily hasta que termino la tarde, poco después la muchacha se fue directamente a la casa para descansar un poco de su arduo viaje. Antes de irse observo a la pequeña muchacha que limpiaba, preguntándose se le habría costado tanto como a ella su primer día, pero sin preguntarle nada, salió del bar. Poco antes de las diez de la noche, Karina llego a la casa, preparada para hacer una quedada y que Kiny le contara con lujo de detalle todo lo que había pasado en Alaska, cosa que no funciono porque Kiny se durmió a la mitad del cuento. Fernando poco a poco fue acostumbrándose de nuevo al calor de su ciudad, con la semana tan alocada que había pasado en Alaska le sobraban motivos para reírse de los recuerdos que hizo, al menos este viaje había sido caluroso no como los anteriores. —Hola Cap.—Hernando llego a la oficina pasando sin tocar y camino l pequeño pasillo con una carpeta entre su brazo y con desdén se lanzó a una de las sillas. —Hola Hermano. —Cap. Tengo buenas noticias. —¿Cuáles son? —Billy Fox acepto ser nuestro cooperador en la constructora, ya los papeles están firmados. —Si.—Fernando se regocijo. —Ahora solo falta que tu pongas el capital. —Inmediatamente.—Tomo el telefonillo.—Carmen, por favor hazme una cita con el gerente del banco, Mi amigo Nicolás, dile que iré en dos días a verle, y que prepare una cuenta comercial para empresas. —Colgó el teléfono— Esto va viento en popa. —Claro que sí. —Oye y cuando vamos a pescar, el otro día me quedo un mal sabor de boca con esos peces. —El domingo te parece bien.—Hernando alzo la ceja izquierda. —Si me parece bien. —Y como van las cosas con la modelo. —Bueno que te puedo decir. Mejor que bien. —Entonces me alegra. —Hernando esto de la constructora hay que celebrarlo. No crees, así que organicemos una fiesta. —Si claro. Cap., ¿Pero en dónde? Nos vetaron del club por pasarnos de copas el otro día recuerdas. — Pensó un momento. —Creo que tengo la solución. —Fernando se echó a reír, mientras buscaba en su Smartphone el número celular de Kiny. Y envión un mensaje. Al medio día la chica respondió de antemano. > Fernando aviso a Hernando que preparara todas las cosas para hacer una celebración a lo grande en el bar de Lily. Obviamente Fernando pagaría la noche a la amable señora. Poco después salió de la oficina con ganas de comer algo, paso por uno de sus restaurantes favoritos, entro y pidió algún platillo exótico, cuando estaba esperándola comida, conto con la aparición inesperada de Lorena. —Hola fer… —¡Lorena! Hombre que sorpresa. Siéntate. —Bueno.—Ella hizo caso a Fernando. —¿Cómo van las cosas? —Bien. —Oye sabes va a ver una fiesta el jueves en la tarde, en el bar de la señora Lily. Oh verdad no sabes quién es ella—Corrigió de inmediato— te mandare la dirección luego a tu celular. Si quieres ir, puedes hacerlo, me gustaría que llevaras al resto de las chicas y a Alejandra. —Bien. ¿Pero si te puedo preguntar porque motivo es la fiesta? —Celebramos que tenemos éxito en un negocio. —Ok entiendo. Iré. Cuenta con mi presencia. —Claro como tú quieras. ¿Oye y eso que estabas aquí en este restaurante? —Vengo a comer siempre que salgo del Trabajo. —¿En que trabajas?—Pregunto con el ceño fruncido. —Soy ejecutiva. —O que bien ¿dónde? —En Good Sport Company.—Fernando reconoció el nombre inmediatamente. —Esa es la empresa de un amigo. —Lo conoces. A el digo al jefe. —Si como no. La comida llego cortando la conversación, Fernando invito a comer a la chica, pero ella se fue apresurada por el trabajo que no le dejaba vida para nada, inmediatamente ella puso dirección a la empresa mientras Fernando se quedaba disfrutando el manjar que le habían traído.  El alojamiento en Alaska era de lo más divertido para ambos, después de la incómoda cena con los socios, Fernando sugerido que salieran a conocer más la ciudad. Entonces el día siguiente se dedicó de lleno a hacer lo que Kiny decía, disfrutando el último día que tenían en la ciudad. Kiny se levantó temprano y se preparó para salir, despertó a Fernando y lo obligo a llevarla hasta donde vendían las panqueques, haciendo caso a lo que decía la chica Fernando era guiado por la chica hoy parecía según él, que Kiny tenía la energía del sol parecía interminable. La ciudad central era grande y además con abundantes bares, Kiny tras su estadía conoció bien a Alaska, la mañana se fue volando para la pareja de enamorados, que caminaba con las manos entrelazadas por las aceras, viendo vitrinas, escuchando música proveniente de los músicos callejeros, y viendo caer la nieve que hoy se había dispuesto a diluviar en pocas porciones. —Sabes Fernando, Me encanta Alaska. —Sí, ¿porque? —Es fría, bonita y parece un cuento de hadas. —Fernando frunció el ceño manteniendo una sonrisa carismática. —Pero sabes que los cuentos de hadas son ficticios. —Oye no me arruines mis ilusiones. —Kiny inmediatamente golpeo a Fernando en el hombro, pero el empresario apenas hizo una mueca de dolor. —No las estoy arruinando, te estoy haciendo ver la realidad. —¡Ja! Parece que eres un insensible. —No claro que no, siempre dono un par de millones a la caridad.—Fernando se llenó de orgullo el pecho. —No todo es dinero. —Si lo sé. —Entonces porque lo sacas al tema. —Solo para molestarte un poco. Kiny arrugo los labios, contuvo las palabras que quería decir, pero el empresario había dado en el clavo. —Mejor divirtámonos el último día que tenemos en Alaska. —Si mejor. En decisión unánime ambos fueron a pasar el resto del día en el centro comercial antes de volver a casa. Terminando la tarde con un apasionado beso y haciendo Parkourt en las calles de Alaska. Después de una larga jornada en el pueblo alasqueño Kiny regreso a la ciudad, Fernando quedo en que los socios llamarían para el avance y colaboración de las dos empresas así que la chica no tenía que preocuparse por haber arruinado la cita de negocios, Kiny se concentró en dedicarse a su abuelo, cuando llego le trajo algunos regalos para elevarle la moral y poco después fue a visitar a Lily, al llegar al bar, la señora la recibió con una sonrisa en su máxima mueca, casi no podía sonreír más, porque se lo impedían los cachetes, la sentó en una de las mesas adyacente a la pista de baile. Cuando la vio la abrazo y le dio un beso en la mejilla, poco después preparo comida para ella, y comenzaron a hablar. Hablaron un par de horas hasta que le había contado como fue la semana en el país del frio, Lily flipaba con las cosas que le contaba Kiny hasta el punto de reír. Poco después un ruido emergió de la cocina del bar, Kiny mirando al lugar frunció el ceño, pensaba que era una plaga, pero al contrario era una chica de cabello oscuro y piel clara que salía de la cocina con una escoba en la mano, rápidamente esta chica dando largas zancadas se puso enfrente de la señora Lily. —Ya termine con la cocina señora. —Muy bien sigue con el resto. Inmediatamente la chica siguió haciendo su trabajo. —Creo que es mi remplazo.—Dijo Kiny sonriendo. —Para nada, solo que alguien se debía ocupar del desastre de las fiestas mientras tú no estás. —Bueno aparte de eso, ¿quería hablarte de algo? —Si dime. —Bueno… Kiny siguió hablando con la señora Lily hasta que termino la tarde, poco después la muchacha se fue directamente a la casa para descansar un poco de su arduo viaje. Antes de irse observo a la pequeña muchacha que limpiaba, preguntándose se le habría costado tanto como a ella su primer día, pero sin preguntarle nada, salió del bar. Poco antes de las diez de la noche, Karina llego a la casa, preparada para hacer una quedada y que Kiny le contara con lujo de detalle todo lo que había pasado en Alaska, cosa que no funciono porque Kiny se durmió a la mitad del cuento. Fernando poco a poco fue acostumbrándose de nuevo al calor de su ciudad, con la semana tan alocada que había pasado en Alaska le sobraban motivos para reírse de los recuerdos que hizo, al menos este viaje había sido caluroso no como los anteriores. —Hola Cap.—Hernando llego a la oficina pasando sin tocar y camino l pequeño pasillo con una carpeta entre su brazo y con desdén se lanzó a una de las sillas. —Hola Hermano. —Cap. Tengo buenas noticias. —¿Cuáles son? —Billy Fox acepto ser nuestro cooperador en la constructora, ya los papeles están firmados. —Si.—Fernando se regocijo. —Ahora solo falta que tu pongas el capital. —Inmediatamente.—Tomo el telefonillo.—Carmen, por favor hazme una cita con el gerente del banco, Mi amigo Nicolás, dile que iré en dos días a verle, y que prepare una cuenta comercial para empresas. —Colgó el teléfono— Esto va viento en popa. —Claro que sí. —Oye y cuando vamos a pescar, el otro día me quedo un mal sabor de boca con esos peces. —El domingo te parece bien.—Hernando alzo la ceja izquierda. —Si me parece bien. —Y como van las cosas con la modelo. —Bueno que te puedo decir. Mejor que bien. —Entonces me alegra. —Hernando esto de la constructora hay que celebrarlo. No crees, así que organicemos una fiesta. —Si claro. Cap., ¿Pero en dónde? Nos vetaron del club por pasarnos de copas el otro día recuerdas. — Pensó un momento. —Creo que tengo la solución. —Fernando se echó a reír, mientras buscaba en su Smartphone el número celular de Kiny. Y envión un mensaje. Al medio día la chica respondió de antemano. > Fernando aviso a Hernando que preparara todas las cosas para hacer una celebración a lo grande en el bar de Lily. Obviamente Fernando pagaría la noche a la amable señora. Poco después salió de la oficina con ganas de comer algo, paso por uno de sus restaurantes favoritos, entro y pidió algún platillo exótico, cuando estaba esperándola comida, conto con la aparición inesperada de Lorena. —Hola fer… —¡Lorena! Hombre que sorpresa. Siéntate. —Bueno.—Ella hizo caso a Fernando. —¿Cómo van las cosas? —Bien. —Oye sabes va a ver una fiesta el jueves en la tarde, en el bar de la señora Lily. Oh verdad no sabes quién es ella—Corrigió de inmediato— te mandare la dirección luego a tu celular. Si quieres ir, puedes hacerlo, me gustaría que llevaras al resto de las chicas y a Alejandra. —Bien. ¿Pero si te puedo preguntar porque motivo es la fiesta? —Celebramos que tenemos éxito en un negocio. —Ok entiendo. Iré. Cuenta con mi presencia. —Claro como tú quieras. ¿Oye y eso que estabas aquí en este restaurante? —Vengo a comer siempre que salgo del Trabajo. —¿En que trabajas?—Pregunto con el ceño fruncido. —Soy ejecutiva. —O que bien ¿dónde? —En Good Sport Company.—Fernando reconoció el nombre inmediatamente. —Esa es la empresa de un amigo. —Lo conoces. A el digo al jefe. —Si como no. La comida llego cortando la conversación, Fernando invito a comer a la chica, pero ella se fue apresurada por el trabajo que no le dejaba vida para nada, inmediatamente ella puso dirección a la empresa mientras Fernando se quedaba disfrutando el manjar que le habían traído. 
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