*
El aludido perdió la conciencia cuando el agua entro en sus pulmones, lo último que vio fue el salvavidas intentando acercarse a él, la caña se había enredado entre sus piernas, poco después perdió la conciencia y los rápidos lo empujaron rio abajo. Carente de conciencia fue arrastrado por el rio con parsimonia hasta que la corriente se calmó, y aludiendo algunos golpes letales, el rio lo dejo a la orilla de la corriente, con la espalda contra la tierra y boca arriba. Aun respiraba lo suficiente para vivir.
Poco después abrió los ojos, no sabía qué hora eran ni mucho menos en donde estaba, miro alrededor escuchando el murmullo de los árboles, inmediatamente se puso de pie aunque le dolía un poco la pierna como para levantarse rápidamente. El dolor era intenso, tanto como para acercarse a la zona donde había caído. Se alejó todo lo que pudo de las orillas hasta llegar a la tierra firme, examinaba con cautela el terreno. Los arboles cubrían el pie del rio, poco después el terreno se hacía más ameno y calmado, pero tampoco podía guardar la calma en lo absoluto, recordaba lo que había pasado perfectamente, el rio, la canoa, Hernando y Kiny. Ahora con ímpetu tenía que regresar.
Lo primero era buscar la salida de aquella naturaleza indómita, para eso se abriría paso por la maleza hasta dar con la carretera, no sabía en donde estaba ni cuanto pudo haber sido arrastrado rio abajo, la zona en donde estaba nunca lo había conocido. La vegetación era extraña nunca antes había estado por esa parte del país. Se miró de arriba abajo para ver si tenían alguna herida de gravedad, empezó por la piernas, no había nada, solo el cable de la caña enredado en sus pies, el recordó que fue eso lo que no lo dejo nadar. Busco heridas en su abdomen pero tampoco encontró nada, finalmente se calmó más cuando examino la cabeza y el cuello, estaba completamente sano, muy sano. Aunque cuando camino sintió una pequeña puntada en la pierna, pensó que seguramente era algo sin importancia así que no debía preocuparse de nada.
Inmediatamente salió del hueco donde estaba, puso rumbo a la maleza de antemano. Todo su cuerpo estaba completamente mojado, era muy incómodo el caminar en esas condiciones infrahumanas. Siguiendo con su travesía llego hasta donde empezaba el vasto campo de maleza. Poniéndose enfrente de ello trago saliva y llenando el pecho de aire empezó a recorrer el trayecto. Fue vacilando las cañas de monte, mucho monte que hacia el caminar una tarea muy hostigosa, maldijo un par de veces al sentir heridas y algunos rasguños en su piel, el terreno de verdad era muy inclemente. Poco a poco se fue abriendo paso entre la paja aunque no sabía a ciencia cierta a donde iba con exactitud, carente de una brújula y con los pocos conocimientos de supervivencia que había adquirido en Discovery Channel. Así siguió caminando hasta donde sus pies pudieron aguantar.
Las nueves estaban completamente grises, el ambiente se ponía oscuro y el aire era de invierno completamente invernal. El azote de la naturaleza parecía completamente inclemente Fernando no recordaba tanta faena solo para desplazarse aunque era un empresario de ciudad no un aventurero para estar en forma por estos senderos peligrosos. Fernando había caminado mucho, un par de horas haciendo lo que podía mientras pasaba por el muro de paja, logro atravesarlo por completo pero poco después se sentó en una roca grande para disfrutar la vista y descansar, había pasado la peor parte. Pocos minutos después sentía hambre, no había comido nada desde la mañana de ese día, o del día anterior, tampoco tenía idea de que día era, o siquiera si era el mismo día de ayer o ya era mañana.
En esa pradera no había animales, dudo en sí, que hubiera animales en ese prado así que la comida sería un problema esa noche, ahora también tenía que preocuparse por tener un refugio, antes de que el agotamiento lo desmayara. Los minutos pasaban y aunque no había pasado mucho tiempo en la piedra ya tenía que volver a caminar. Antes de eso tuvo que ubicarse, saber si estaba en el norte o el sur, o en cualquiera punto cardinal, así subió un poco más en la roca, escalando un poco hasta llegar a una elevación pronunciada, desde allí vería el paisaje con admiración y se sabría ubicar. Escalo con cuidado los últimos peldaños de la roca y se paró encima de ella, la vista era magnifica se podía ver casi todo el prado, a lo lejos una pradera aún más larga y distante, y unas montañas, miro para atrás, allá estaban las montañas, viendo el rio se supo ubicar, sabía que estaba afuera de la ciudad, estaba en un condado vecino. Justamente se encontraba donde la gente lo detestaba, la ciudad más ecología del mundo. Maldijo una vez más. A lo lejos estaba la carretera, cruzando la pradera, y viendo un pequeño punto que parecía ser fuego, se alegró inmediatamente.
Poniendo una mueca en la cara fue rumbo a aquella posible fogata, o era un bombillo, bueno fuese lo que fuese iba a ir rápidamente solo para ver quién era y poder salir de este aprieto, tal vez tendrían comida. Lo más importante un refugio no tendría que pasar la noche a la intemperie mirando estrellas. Así que rápidamente fue a buscar aquella extraña luz, bajo de la roca con cuidado de no caerse y luego puso rumbo corriendo por la paja que estaba más pequeña que la anterior.
Vacilando en algunas ocasiones troncos caídos siguió corriendo, ya había llegado a la otra parte de la pradera donde la maleza se hacía más pequeña, estaba más cerca de la luz, mucho más cerca que antes, no bajo el ritmo de trote aunque le dolían ya las piernas. Así se acercó lo más posible a la pradera donde estaba la carretera, Por fin había llegado, el sol se había ocultado ya completamente, lo único que se podía ver era la luz que estaba a unos veinte metros de él, aunque esa luz era de una fogata pudo reconocer mientras venia. Lo mejor que podía hacer era acercarse con cuidado u sigilo para ver quién era, para ver lo que le esperaba con esas personas que estuvieran allí, para no asustarla con su aspecto de espanto, la ropa seguía mojada aunque ya no le incomodaba la humedad tras haber calentado su cuerpo con aquella infame carrera.
Así se acercó más, a la fogata, escucho unos gritos y algunas carcajadas. Estaba más cansado muy cansado, ya casi no se mantenía en pie. Le costaba mantener el equilibrio seguramente era porque no había podido comer nada en todo el día, cuando creyó que no podía contenerse más grito pidiendo ayuda, pensando en que nadie lo escucharía, volvió a gritar con fuerza pero poco después cayó al piso, cerrando los ojos levemente.
Al rato Fernando despertó, su cabeza le daba vueltas completamente estaba aturdido, casi no se podía mover, había sido víctima de un desmayo por sobreesfuerzo. Pero sentía un poco de calor, era como si la ropa que tenía mojada no la tuviera ahora, se levantó con cuidado estaba acostado y tenía una cobija, enseguida el empresario frunció el ceño. Miro sus manos estaban completamente lavadas y su ropa no estaba solo su ropa interior era lo que mantenía. Al lado de él había una camioneta banb. Muy pequeña pero que parecía albergar gente.
—Vaya ya despertó. ¡Hermana!, ¡Hermana ya despertó!. —Una voz un tanto chillona percuto detrás de Fernando, el empresario enseguida miro, allí había una niña de como once años, el cabello de color rubio y ojos claros, la chica era muy flaquita lo más que se pudiera ser, aunque no era desnutrición, llevaba unas sandalias destapadas y un vestido que le cubría hasta más debajo de las rodillas.
—¿Quién eres?—Pregunto Fernando intentando levantarse.
—¡No!—La pequeña niña se tapó los ojos. Inmediatamente Fernando se dio cuenta que estaba desnudo, se cubrió rápidamente con la manta.
—Disculpa.
—¡Hermana!
La niña volvió a gritar con fuerza hasta que otra chica llego.
—Vaya Michelle, eres demasiado escandalosa. ¿Qué pasa?—La niña señalo a Fernando.
—O ya despertó el señor.—La chica mayor se acercó a Fernando—. Vaya sí que estaba algo golpeado Sr.
Fernando escruto a la chica, parecía mayor, tendría como unos veintitantos años, era alta y su piel clara, también usaba un vestido que cubría hasta más debajo de sus rodillas. Ella era como un ángel caído del cielo para Fernando.
—Usted me salvo, gracias.
—Sí, yo soy Aurora y ella es Michelle, —La niña se ocultaba en las faldas de su hermana—. Somos hermanas, y somos unas chicas que viajan por el país. ¿tu quien eres?
—Me llamo Fernando—Agrego Fernando rápidamente—. Me perdí, estaba pescando con un amigo y no sé dónde estoy.
—Vaya.—Complemento la chica con asombro.
—Si es fuerte lo que me paso.
—¿Oye y porque no tienes a nadie buscándote?
—Deben estar haciéndolo, pero es que el rio me arrastro muy abajo, seguro me dan por muerto.
—No puede ser es muy fuerte.
—Sí.
—Pues te ayudaremos a volver. —Fernando la miro con asombro.
—Lo harían.
—¿Si claro en dónde vives?
—Con que me lleven a Street 15 estoy bien.
—Oh pero hay un problema antes de eso debo ir a un lugar. Si quieres acompañarnos te llevare.
—¿A dónde tienes que ir?
—Tengo que completar un viaje digámoslo así.
—¿Te tardaras mucho?
—Cinco días. O una semana.
—Está bien esperare.
No le quedaba más al aludido Fernando, estaba consciente de que si no aprovechaba la oportunidad no sabía para cuándo regresaría a la ciudad esperar cinco días no sería nada, así que tenía que aprovechar la oportunidad de en regreso.
—Pero, sabes puedes darme algo de ropa. —Agrego Fernando incapaz de mirarla a los ojos, lleno de vergüenza.
—Claro voy.—Apresuradamente aurora fue a buscar ropa para el chaval desconocido que decía estar perdido.
—¿Eres un enfermo?—Pregunto la niña poniendo los brazos en su cintura.
—No para nada.—negó Fernando.
—Tienes novia.
—Algo asi.
—En que trabajas.—Fernando procrastino.
—Soy…
—Michelle deja al pobre hombre. Perdona ella es así.
—No… no hay problema.
*
El funeral había empezado con parsimonia, se contrató a un cura para que diera la misa en el bar de la señora Lily, donde todos los empleados habían asistido con parsimonia, paulatinamente las señora Lily fue pasando a todos los empleados de Fernando, mientras que Kiny y Hernando estaban devastados completamente.
—Maldita sea —Hernando Le pego a una mesa con rabia.—No lo pude proteger.
—Hernando cálmate.—Exigió Karina. Todos miraban al vicepresidente.
—No entiendes.
—¿Diablos que no entiendo?
—Era como mi hermano no me puede calmar así por así.
—Pero debes mantenerte con cordura, sino te harás daño.
—Sabes eso no me importa ahora, yo era el que debía morir el no.—Karina con fuerza la planto una bofetada a Hernando, tumbándolo de la silla hasta hacerlo caer al suelo. Todos en la sala quedaron impactados y un momento de silencio de formo, nadie en lo absoluto dijo ni una sola palabra de lo que estaba pasando, los empleados cerraron la boca y miraron a otras partes, evitando ver a Hernando.
—No digas eso. Estúpido.
Hernando se quedó mirando a la chica, había entrado en razón estaba siendo muy egoísta él no era tan culpable como pensaba. Karina salió del bar indignada con una actitud avayasadora, quitando a empujones a cualquiera que se interpusiera en su camino. Hernando la siguió con parsimonia.
—Diablos más problemas.—Procrastino Kiny.
—Cálmate muchacha las cosas deben pasar para desahogarse. —Lily intervino rápidamente.
—La vida es injusta.
—Si lo es.
—Señora Lily ya se lo que se siente que es perder a un ser querido.
—Es duro. Muy duro, pero quiero que sigas fuerte. Muy fuerte. Quiero que golpees a la vida no que ella te golpee a ti.
—A veces pienso que no puedo.
—Pues claro que vas a poder niña lo vas a hacer.
—No quiero olvidar a Fernando.
—Tampoco digo que lo hagas.
—¿Entonces?
—Niña lo que pasa es que estas agonizando, debes soltarlo todo afuera para volver a ser aquella que antes fuiste. Me entiendes.
—No lo sé.
—Quiero que sepas que eres muy fuerte, así que debes recordarlo con una sonrisa en la cara.
—Si una sonrisa.
Kiny recordó aquellos momentos que paso con Fernando los meses anteriores, Alaska, el Parkourt, la empresa, la audición, la fiesta, el bar, completamente todo aunque las cosas le daban más dolor, aunque sentía que cada recuerdo la quemaba por dentro como la llama de un soplete hirviendo, desbastándola, desolándola, dejando a su paso un recuerdo muerto yerto pero feliz, dejando correr por sus mejillas lágrimas de pasión y dolor, aunque también de recuerdos felices que complementaban las cosas para ellos. Pensó en lo que un dijo día Fernando dijo: El amor dura lo que el destino quiere que dure. Pues ahora el destino jugaba un papel demasiado injusto.
—Bueno. El destino está siendo muy injusto ahora mismo.—Musito pasito—. Te lo dije el destino es un tirano Fer…
La señora Lily abrazo a Kiny tanto como pudo brindándole aquel calor que le faltaba, el dolor había cambiado a la pequeña chica alegre a una chica sin corazón, por tantas lágrimas derramadas.
—Sabes siempre cuando mi hija murió sentí lo mismo que estas sintiendo tu ahora mismo, dolor, una tragedia veía que no podía salir de la situación, que nunca sería la misma de antes, y es verdad nunca vuelves a ser la de antes, pero sí que puedes mejorar, por ti, por el—Señalo la foto de Fernando con el dedo índice—. Por todos, aunque ya nada pueda ser como antes vive como si fuera un nuevo comenzar, obviamente jamás lo olvides, quiérelo como su fuera tu padre, y amalo como si fuera el primero, nunca lo olvides, pero tampoco te reprimas a ti mismo, recuerda que el, solo quería lo mejor para ti. Nada más, se sentiría mal si en una ocasión desde el cielo te ve triste, él se pondrá enojado contigo, porque dirá que la persona que más quería en el mundo terrenal está siendo infeliz por su culpa, y hasta Dios se enfadara contigo.
—No creo en nadie.
—Pues no lo hagas pero tienes que ser feliz.
—No creo que pueda.
—Si podrás. —Afirmo con delicadeza la cabellera de la chica.
La señora Lily siguió consolando a la chica de manera sutil hasta que se calmó completamente. la señora Lily se quedó con Kiny hasta que las cosas se arreglaran más, no estaba dispuesta a dejarla sola en esta situación tan horrible, que ponían sus ojos de cristal en un mar de lágrimas que caían como cataratas por su mejillas.
Hernando estaba completamente devastado salió en busca de Karina quien estaba siempre rígida, como una generala del ejército, cosa que le molesto un poco a Hernando, pero con parsimonia siguió a la chica hasta meterse en un parque, la vio que se sentó en una de las banquitas, allí se encogió de hombros. Hernando rápidamente se acercó hasta llegar a sentarse.
—Discúlpame. No era mi intención Karina.
—Lo sé.
—Es que me da mucha rabia que no pude hacer nada.
—Cálmate todo se solucionara, además las autoridades están buscando a Fernando, él no es tan fácil de mandar al otro barrio.
—Pero es que no han encontrado el cuerpo.
—Ser estéril, no significa no poder tener hijos.
—No entiendo.—Karina suspiro algo cansada.
—Solo digo que no perdamos la esperanza, dar la noticia de que está muerto antes de que las autoridades confirmen los hechos es una locura. Solo hacemos que la gente tenga pánico.
—Karina Me fio de ti.
—No mejor no lo hagas, solo espera a que las autoridades den el reporte, solo tengamos fe en que pueda estar vivo.
—Sí.
—Hernando discúlpame por la bofetada.
—No hay de qué preocuparse, solo lo hiciste para calmarme me lo tenía merecido.—Karina no obstante acaricio en donde había pegado la bofetada.
—Todo va a estar bien. Vamos. —Karina se levantó de la silla e inmediatamente cogió la mano de Hernando guiándolo afuera del parque.
—¿A dónde?
—Pongamos la denuncia.
—Pero…
Karina no dejo hablar a puso rumbo a la comisaría más cercana. Cuando llegaron una policía que comía una rosquilla los recibió con mala cara.
—Hola. Buenas venimos a poner una denuncia.
—¿Si de qué?—Pregunto ella, echándose para adelante en la silla donde pereceaba.
—Mi jefe está perdido.—Ella pareció teclear unas palabras en el ordenador.
—¿Cuánto tiempo?
—Más de setenta y dos horas.
—¿Dónde fue el último avistamiento?—Hernando entro en acción.
—En la nevada de Cop, allí en la reserva natural.
—Oh ya entiendo. Bueno entonces iniciaremos la búsqueda con la guardia civil.
—Gracias.
—Estén atentos a los llamados que estaremos haciendo a la empresa dejen sus números telefónicos y contacto.
Haciendo caso a la policía Hernando dejo todos los contactos necesarios para que la búsqueda se realizara sin ningún tipo de dilación. Poco después se despidieron de la oficial y regresaron al bar, minutos antes de entrar Karina se detuvo.
—No le digas a nadie que lo estamos buscando.
—¿Por qué?—Le pareció Extraño a Hernando aquella postura.
—Si lo hacemos todos dirán que nos volvimos locos. Solo deja que las cosas fluyan y ni una palabra de ello.
—Si.—Afirmo Hernando.
—Hernando nosotros nos encargaremos de buscarlo, creo que Fernando no está Muerto, pero aun así, no te puedo dar fe de ello, así que esperemos mientras tanto.
—Gracias Karina has sido un apoyo fuerte para mí. Te quiero. —Fernando termino con abrazo acalorado que a la chica no le disgusto.
—Bueno sigamos y entremos al bar, deben estar buscándonos.
Kiny seguía devastada, los ánimos estaban por el piso, la moral baja, la zona parecía una morgue en vez de un bar, y esa noche no se iba a hacer ninguna fiesta, las cosas formaban parte de un aprendizaje constante, así lo decía Lily, ese pensamiento siguió vivo en la cabeza de la pequeña chica, estaba claro que en vez de ayudar a la esperanza devasto la poca fe, que Kiny aun guardaba, pero en su recuerdo llevaba a Fernando aun así quería recordarlo todos los días, como el único amante con pasión que tuvo en su juventud, claro que las cosas no se iban a olvidar por si solas, sería el paso del tiempo que se olvidaran cosas vagas, más los momentos más importantes jamás los olvidaría, mucho menos la cara de Fernando cuando sonreía, le parecía en vida, la más atractiva que tenía.
Entonces las cosas no eran las que ella espero, pensaba en casarse con él, ayudarlo en la empresa, tener éxito en la carrera de modelo, tener algunos hijos, siete como mínimo aunque exageraba. Cosas que hacían las parejas de antemano, ver una película, ir a un concierto, divertirse en el parque, hacer picnics, no velarlo antes de tiempo, y aunque sabía que el tiempo de la muerte llegaría, pensaba que era tan distante como la luna, no en días cortos y sempiternos. Aunque quería darlo por vivo y pensar que algún día llegaría a la puerta del bar con su sonrisa y la buscaría como hacia siempre, en su bólido para conducir a una velocidad elevada y llevarla a algún restaurante a comer.
Aun quería aferrarse a aquella sonrisa vaga que se marcaba en dos puntos en los cachetes, a la mueca de desprecio cuando alguien insultaba a otra persona con desdén, cuando alguien se estacionaba antes que él y le quitaba el lugar, aunque como podía olvidarse también de que era un filósofo, que su experiencia lo hacía adorable, que lo hacían ver maduro y elegante, que lo hacían ver bien, así como una copa de vino cayéndose y desquebrajándose en mil pedazos, la esperanza se perdía entre los profundos ojos de Kiny Viendo el epitafio de la lápida de Fernando, así mismo se perdía la fe paulatinamente, así mismo aun sin encontrar el cuerpo, lo daban por muerto.