La cueva mágica

2170 Words
Daphne tenía una cueva alejada del castillo, oculta en una porción de bosque que nadie sabía dónde se encontraba, después de arduos eventos, solía escaparse y dialogar largas horas con seres mágicos. Un día Anastasia la siguió, pues le había demostrado a su padre que podía ser muy fuerte, valiente y desafiante, el día en el que la miró con amor fue el día en el que el evento de caza se llevó a cabo, muchas de las pieles de los zorros serían usadas para abrigos y lo demás se le daría de comer a los perros. Pues se aproximaba tormentoso el invierno y apenas había empezado otoño, los árboles se vestían de naranja y marrón en sus hojas y dejaban caer la misma. Anastasia solía utilizar más a menudo sus poderes, seguía desconociendo que sería la esposa de un príncipe algún día y que posiblemente no lo amaría. Daphne caminaba por el bosque lento y segura, haciendo repartidas paradas en rocas grandes y grisáceas, las aves se acercaban a ella y se posaban a su lado. —Ya estoy muy vieja para esos caminos—Refunfuño al levantarse—Debí instalarme más cerca del castillo o hacerme una choza—Se quejó al continuar su recorrido. Anastasia se rió oculta tras un árbol, se había sentado cerca de sus raíces a observar a su abuela, era pálida como la madera del árbol tras el cual se escondía y aun así, parecía un espíritu del bosque bondadoso. Daphne continuo caminando hasta llegar muy cerca del pie de una montaña, donde se encontraban dos grandes rocas juntas con sus picos, la roca era de un tono morado oscuro a la cual Anastasia se le quedó observando un largo rato, esperando que su abuela no se diera cuenta. —Anastasia—Llamo Daphne al observarla de reojo. La niña salió de dónde se había estado escondiendo en cuanto llego, el cual era una roca en el paso. — ¡Abuela! ¿Por qué nunca me habías hablado de este lugar?—Pregunto la niña entusiasmada al correr hacia su abuela con un poco de torpeza. Daphne Suspiró. —Bueno, las brujas tenemos secretos Anastasia, no puedo decirte todo lo que hago o a donde voy hija mía—Explico al fruncir los labios y encogerse de hombros. Anastasia ladeó un poco su cabeza. —Mmm. Todos los adultos tienen secretos—Respondió pensativa—Hasta mamá y papá—Comparo—Detesto los secretos—Increpo al cruzarse de brazos. La bruja sonrió levemente y comprensiva estiró su mano hacia la niña. — ¿Quieres ver?—Cariñosa al estirar su mano hacia adelante. Anastasia salto varias veces y asintió muy entusiasmada, la abuela continuo caminando hasta encontrarse cerca del claro, pero no había ninguna entrada a una cueva, eso lleno de intriga a Anastasia. —No veo nada abuela—Empezó a tocarse los ojos y abrirse una y otra vez los párpados con los dedos—Solo hay hojas—Se quejó al levantar las hojas. Daphne sería estiró las manos en el aire y empezó a manipular el viento a su conveniencia, las hojas se levantaron y los animales cantaron para ella en su danza, un elegante sombrero cónico se había puesto sobre su cabeza, con el mismo color que su vestido lila, mientras Anastasia la observaba maravillada. —Ya verás—Anuncio al señalar hasta una entrada marcada con runas. La niña había manchado todo su vestido blanco con la suciedad del piso mohoso. Verla en ese momento era como ver a una hermosa muñeca de porcelana sentada sobre una roca, el color del otoño le sentaba bien a su alrededor y terminaba siendo un centro de atención para los animales del bosque. —Es una cuerva—Murmuro la niña al caminar hacia el lugar e inclinarse de un lado a otro analizando la situación peculiar. Daphne asintió al tocar la roca con sus manos arrugadas. —Las brujas tenemos lugares sagrados heredados de bruja en bruja, este era el lugar de mi abuela y puede que sea el tuyo después de mi muerte—Conto apasionada al pasar al amplio lugar, era un sitio elegante que parecía expandirse muchos metros más hacia dentro y se iluminaban con lámparas, había un candelabro en el centro y una alfombra roja que cubría el suelo rocoso, la niña podía ver uno solo una amplia biblioteca sobre en segundo piso, sino también estantes llenos de frascos extraño. Sobre un pilar extraño se encontraba un huevo que se mantenía caliente con fuego a su alrededor. — ¿¡Es un huevo de dragón?!—Soltó exaltada al ver la cáscara gruesa y escamada del mismo. Daphne abrió un libro en el centro de un amplio escritorio y asintió al mover sus manos al son de una música de la cual Anastasia desconocía que venía. —Es un Griffiand, un dragón pequeño de montañas, cada dragón nace y se encuba de maneras diferentes, los Hidrogon necesitan estar bajo el agua y en la calderas cerca de un volcán activo, el agua caliente encuba sus huevos no necesitan echar fuego, los Floraste los dejan debajo de árboles antiguos y se quedan allí invernando dándoles calor de sus cuerpos hasta que nacen sus crías y los Griffiand los mantienen en altas temperaturas en las heladas montañas con el fuego de sus bocas.—Explico al sentarse sobre una cómoda silla de color marrón de cuero. La niña se acercó a tocarlo, pero el fuego la quemó un poco y termino haciéndose para atrás. — ¿Por qué tienes un huevo de dragón abuela?—Pregunto intrigada—Tú me habías dicho que ellos eran muy difíciles de encontrar—Musito. Daphne se acomodó su sombrero de color lila. —Mmm. Fue un regalo de una tribu de las montañas, ellos cabalgan sobre dragones—Anuncio entusiasmada. Anastasia se llenó de anhelo. — ¡Montan dragones! ¡Pero eso es muy difícil dicen los caballeros reales!—Exclamo llena de asombro. —Los caballeros reales son estúpidos Anastasia, apenas y pueden dominar una espada apropiadamente, jamás podrían dominar a un dragón, pero claro la tribu de los "Windtakers" son expertos en todo tipo de artes, ellos crían dragones... Mantiene el balance con el mundo—Informo a la niña al llenarse de gozo contando esa historia. — ¿Pero mi padre lo sabe?—Intrigada. —La gente de la nobleza, los reyes y los cleros desconocen casi por completo esto, sus mentes son muy cerradas y quién mata un dragón estará pecando en el mundo espiritual y en este—Hastiada, detestaba a los caballeros y las familias nobles por créese dueños del mundo. —La gente que tiene poder creer que tiene derecho hacer lo que quiere—Confeso molesta. Anastasia se sentó frente a su abuela, pero seguía indagada con el huevo que se encontraba sobre el fuego. Ella no entendía si repudio hacia la realeza y su resistencia silenciosa a ese mismo desagrado. —Yo solo quiero ser feliz—Dijo la niña al respirar profundo. Daphne se volvió hacia Anastasia y el abrazado. —Lo serás algún día mi querida princesa—Incentivo. Anastasia cerro los ojos, podía percibir cariño y calidez desde los abrazos de su queda abuela, eso era lo único que le daba conformó y aun así era la única cosa que la hacía sentir feliz. —Abuela quiero ser como tú—Confeso la niña—Tu eres libre, yo también. Quiero ser libre—Anhelo con fuerza. Daphne abrió un poco su boca y respiro profundo. —No tienes que ser como yo para ser libre mi querida Anastasia, solo debes ser tú misma—Aclaro afable. La niña frunció el entrecejo pensativo. — ¡Entonces quiero ser una gran bruja!—Exclamo valerosa al levantarse sobre la silla y estirar sus brazos. Un montón de semillas empezaron a brotar de sus manos, para luego caer al suelo y llenar el mismo. Daphne se echó a reír. —Pues mi querida princesa, serás una gran bruja también—Aplaudió la mujer al agitar un poco su bastón y de esa forma atrajo muchos libros hasta donde se encontraban. —Pero deberás de estudiar—Severa. Anastasia asintió, pues no le molestaba aprender en absoluto, era como una esponja, entendía muy rápido pero solía ser un poco torpe con algunas de las cosas que estaba después hacer. — ¡Aprenderé todo lo que pueda!—Exclamo la niña entusiasmada. Daphne sonrió orgullosa. —Perfecto, después le explicarás a tus padre dónde estabas—Se cruzó de brazos severa. Anastasia se quedó inmóvil. —Sera—Nerviosa. === Shariock miraba por la ventana, recientemente había leído la carta que esperaba recibir desde hacía algunos años. Nunca espero que la visita fuera tan precipitada. « ¿Habrá sido una decisión inteligente?» Pensó un poco dudoso. Desde que escribió la propuesta al rey de Elmet, no solo habían secados las incursiones de vandalismo a las tierras de Dumnonia sino que también se había quedado sin recibir una respuesta después de tantos años, los reinos de Candía y Merionnydd junto con el reino de Llanegryn continuaban con sus respectivas vivas sin intervenir con la monarquía principal, pero había algo que a Shariock no le convencía y era esa paz. Pues sabía mejor que nadie que horas antes de una abrupta tormenta, el sol brillaba con fuerza y la vida parecía estar más rigurosa que nunca. Se acomodó su camisa blanca y luego piso sus brazos sobre la mesa pensativa, pues releía una y otra vez la misma carta abierta sobre su escritorio. Bernardo O'Higgins su consejero real y el hombre en el que más confiaba, paso sin problema alguno a la habitación del rey para informarle. —Buen día señor, me temo que un pueblo más han sido exterminado por la extraña enfermedad...aún la bruja Daphne no nos ha podido indicar cuál es su origen y como se contagia—Explico al notar el desconcierto del rey—Disculpe si lo interrumpo—Reverencio lleno de pergaminos y atiborrado de papeles. Shariock se cruzó de brazos. —Hace unos años atacó a Hellín, acabó con todo el pueblo...no quedó ningún sobreviviente, ni siquiera las personas que Daphne encontró, puede que se está convirtiendo en un problema, necesitaré que le escribas una carta a los reyes de Candía, Llanegryn y Merionnydd, informando de esto...envía un emisario a cada región y que sea cauteloso, que utilice pasiones para mantenerse sano y fuerte, necesito que cada uno indague si el único lugar en el que está enfermedad ha surgido es solamente Dumnonia—Impero severo y organizado. Bernardo asintió varias veces nervioso. —Su majestad creo que lo más correcto es que solo enviemos emisarios, no deseamos perturbar la paz, hasta no estar completamente seguros de que es tan contagiosa, en tres años solo han habido dos pueblos contagiados... Y todos han muerto aún con brujería—Su voz tembló, había empezado a darse cuenta de que si era un posible riesgo. —Pues debe haber algo que lo causa, el agua, el aire, la comida o hasta las mismas personas...no logro entenderlo con claridad pero si estoy seguro de que Daphne encontrará una cura, de ahora en adelante se hará una revisión a quién venga del exterior o sea ajeno al castillo real—Severo—Reuniremos al consejo esta tarde, hablaremos más afondo sobre esta situación, requiero de ojos y oídos en las otras regiones—Impuso al empezar a escribir sin parar cartas sobre su escritorio. Bernardo estaba impresionado con la eficacia con la que pensaba su rey, se preocupaba por el pueblo y nunca tomaba a la ligera ningún pequeño problema, debido a ello Dumnonia se había vuelto un lugar próspero y abundante, los planes que llevaba a cabo siempre le favorecían, Shariock tenía más que suerte, había nacido para reinar. —Estoy totalmente de acuerdo con usted señor—Sumiso—Pero tengo entendido que el reino de Elmet desea hacer una visita un tanto apresurada, para conocer quién va hace falta futura reina del nuevo país que se planeaba fundar. —Nervioso al hacer una mención tan apresurada de los planes del rey. Shariock se puso serio. —El rey de Elmet finalmente después de tantos años responde mi carta y desea venir el mismo día en que lo hace, a mí parecer es una acción desesperada y él sabe que debe aprovecharla, podría unirme con cualquier otro reino, pero ninguno tiene la capacidad de matar a una dragón como lo tiene Elmet—Aseguro un poco paranoico. Bernardo lo miro extrañado. —Su majestad usted no cree de verdad que existan dragones como Fermata, Magnes o el colosal rojo... ¿O sí?—Pregunto el hombre al secarse el sudor de la frente. Shariock se volvió a ver por la ventana. —Le temo más a un dragón que un hombre—Respondió sereno.
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