Anastasia había visto partir a su abuela en aquel carruaje, solo podía tener en meten aquella imagen mientras se encontraba con Doria. «Espero este bien» Pensó la chica. Se reía de su mordida de lengua cuando se encontraba comiendo pan que ella le había llevado. Ya no tenía riqueza, ninguno de los días, ni ostentosos trajes o habitaban en un castillo, solo estaban ellos en un amplio lugar, lleno de plantas y animales. Solo ellos dos y el mundo. Sonrió. —Hoy se ve muy hermosa su majestad—Elogio Dorian al sonreír. Era tan caballeroso y al mismo tiempo tan atrevido. Era un hombre singularmente amable y tonto. En más de una ocasión lo había visto desnudo y nunca lo había besado. —Tengo un perro...—Revelo al llamar al sabueso que siempre le acompañaba. Anastasia ladeó su cabeza. — ¿

