Mientras cinco hombres que escoltaban a Dorian cabalgaban tranquilamente sobre los caballos, los mercenarios que entrenaban se despedían de él blandiendo sus armas es el aire. Dorian solo podía verlos se reojo, mientras cabalgaba erguido sobre su manchado corcel, llevaba guardada y desarmada en dos mochilas su armadura, pues el calor al que se enfrentaría no podía usarla. La hermosa armadura blanca, que tenía un casco en forma de la cara de un dragón, era la que mantenía a Dorian recordando que era. Avanzaban rápido por los amplios terrenos de Edevane, el color Verduzco del lugar se redujo a un color amarillo lleno de arena en el horizonte conforme se aventuraban a la salida del oasis en las montañas, dos amplias montañas dejaban un estrecho por el cual era muy fácil salir, pero el cual e

