Ruth rodeó la carreta destruida con una gran curiosidad. No se hacía la idea de cómo algo tan catastrófico podría haber sido hecho por un hombre traicionero y desquiciado. Casi que parecía que estaba rota a la mitad, pero aquella mujer Esmeralda había explicado que el guardia traidor era muy hábil con la espada y que este se había tomado su tiempo en dar tanto espadazos como le fueran posibles, amenazando a sus compañeros con sufrir el mismo destino si no se apartaban y le daban espacio para hacerlo. La joven se escabulló al centro de la carreta mientras Eugene y Elena hablaban con la extraña que parecía de buena fe; dentro se la.carreta había equipaje desordenado y una botellas rotas, por lo que tuvo cuidado de no cortarse las rodillas con los vidrios que habían en ella. De la nada, Ruth

