Cuando Reynaldo se fue, el silencio quedó suspendido en la habitación como una sombra espesa. Tiana comenzó a temblar sin poder evitarlo; sus manos estaban frías, su respiración desordenada. Se llevó una mano al pecho, intentando calmar el latido errático de su corazón. —¿Voy a casarme con Reynaldo Monteblanco…? —susurró, como si al decirlo en voz alta la realidad pudiera desmoronarse. La idea le resultaba absurda, irreal, casi cruel. Apenas unas horas antes su vida parecía ir en otra dirección, y ahora todo se reorganizaba alrededor de una decisión que no había tomado por voluntad propia. Cerró los ojos y lanzó un largo suspiro. Pensó en Joel, su hermano, ¿Qué diría? Pero decidió esperar, todo era abrupto ahora, incluso a pesar de la gran confianza que había entre ellos. Quiso d

