El silencio en la mansión solo se veía, interrumpido únicamente por la gran pantalla estilo de cine que zumbaba suavemente en la sala de entretenimiento privada. Tiana ajustó la manta de lana sobre las piernas de su abuelo. Ella quería consentir al abuelo, quería hacerlo feliz demasiado, sobre todo ahora, que él sabía de su enfermedad grave, y que todo apuntaba a que le quedaba poco tiempo de vida. En la pantalla, un galán de los años cincuenta declaraba su amor bajo la lluvia. Era el cine clásico que el abuelo adoraba, ese donde el honor y el romance lo eran todo. Tiana le dedicó una mirada llena de nostalgia y devoción. Sabía que estos momentos de paz eran un lujo prestado. —¿Tienes hambre, abuelo? —preguntó ella con voz dulce, casi un susurro. Él asintió con una debilidad que le

