2

1538 Words
Punto de vista de Alexa Me senté frente al espejo de mi habitación, arreglándome el pelo con un estilo pulcro y formal, ya que no había nadie más que lo hiciera por mí. No debería seguir en esta casa. Ni siquiera debería haber llegado tan lejos como para ponerme este horrible vestido de novia. Pero no he podido escapar. Hoy hay gente merodeando alrededor de mi casa. Hay un guardia de seguridad parado afuera de mi habitación que no se mueve por ninguna excusa que le dé. Un suspiro escapó de mis labios al levantarme de la silla y mirarme de cuerpo entero en el espejo. El vestido no era como lo había imaginado. Estaba muy lejos del vestido de novia de mis sueños. Me quedaba fatal. El dobladillo era demasiado corto y el corpiño demasiado ajustado. Me picaba y me hacía sentir como si fuera barato y endeble. Me sentía como una niña jugando a disfrazarme, en lugar de una novia en el día de su boda. Y lo peor de todo, no me favorecía en absoluto y me hacía sentir incómoda y cohibida. Miré alrededor de la habitación, me acerqué a mi cama para coger la flor y luego salí, esperando que el estúpido guardia de seguridad se hubiera marchado. Al mirar a mi alrededor, me di cuenta de que no estaba por allí, así que caminé de puntillas lo más silenciosamente posible con los tacones, lo cual fue bastante difícil. Al doblar una esquina con el corazón latiéndome a mil por hora, me pregunté por qué casi no había nadie en el pasillo. ¿Se habrían ido todos a algún sitio? ¿O acaso toda esta historia de la boda era una broma que mis padres intentaban gastarme? Intentando no hacer ruido, di la vuelta y estaba a punto de doblar otra esquina cuando una mano me agarró y me detuvo. “¿Adónde demonios crees que vas?” Jadeé, me giré y noté el rostro severo de mi padre. ¿Cómo se había acercado sigilosamente? ¿Cómo no me había dado cuenta de su presencia? Mi corazón latía con fuerza mientras lo miraba fijamente, sin poder esconderme tras ninguna mentira. Mi intención era clara, pero aun así tenía que intentarlo. «Estaba buscando al guardia de seguridad que pusiste fuera de mi habitación… Quería preguntarte cuándo vamos a la ceremonia». Se burló. —¿Por qué? ¿Cansada de esperar? ¿Qué pasó con la chica que lloraba esta mañana porque no quería casarse? —Arqueó una ceja y apretó mi brazo—. Creí que te había dejado bien claro que quería que te comportaras bien, ¿no? “Me he portado lo mejor posible”, me defendí en voz baja. “Sí, ¿y por qué intentas escabullirte? ¿Crees que puedes escapar tan fácilmente? Pues te equivocas. Ven conmigo, es hora de ir a la iglesia.” Sin esperar mi respuesta, comenzó a arrastrarme hacia la entrada principal de la casa. «Tu marido te está esperando. Oh, perdón. Quise decir tu futuro marido… pero no te importa, ¿verdad?». Caminé demasiado rápido, intentando alcanzarlo, pero solo conseguí tropezar con mi vestido. Por suerte no me caí, pero eso bastó para que él aminorara el paso. Se giró y me examinó. «Me pregunto por qué te eligió como su novia. No eres la indicada para él». Sus palabras me desgarraron el corazón de una forma que no sabía si podría sanar. Respiré hondo, con la voz temblorosa, y luego lo acompañé al coche. “Papá, por favor, dime por qué me caso tan pronto… Quizás tenga una solución. No tiene por qué ser el matrimonio”, le rogué mientras esperábamos fuera del lugar de la boda: una antigua iglesia. En realidad no esperaba una respuesta, pero no estaba dispuesta a rendirme tan fácilmente. Necesitaba saber por qué quería venderme de repente. Al menos tengo derecho a saber el motivo de mi matrimonio, ¿no? —¡Dios mío! ¡Niña, cállate y acabemos con esto de una vez! —exclamó, clavando la mirada en mí antes de arrastrarme directamente a la iglesia. Me recompuse rápidamente y esbocé una sonrisa mientras mi padre me tomaba del brazo y me acompañaba por el pasillo. Miré disimuladamente alrededor de la iglesia y noté que no estaba tan llena como esperaba. Estaba casi vacía. Mis padres y solo dos personas más que reconocí como amigos de mis padres, y algunas personas que sospechaba que eran familiares de mi prometido. Allesia seguía sin aparecer. Aparté la mirada de los invitados sentados en el banco y la fijé en el hombre con el que se suponía que me casaría. Y entonces me quedé paralizado. Esa cara me resultaba familiar. Siempre me iba a resultar familiar. Jamás olvidaría la cara de mi excompañero de clase, que además era un matón infame y un mujeriego. ¿Es ese el tipo con el que me casaría? ¿Alguien que no me respetará ni me tendrá en cuenta? ¡Ni de coña! Mi corazón comenzó a latir con fuerza en mi pecho una vez más, y con miedo di un paso atrás, pero mi padre me jaló hacia adelante y me llevó con él al altar donde mi novio y el sacerdote me esperaban. Me acerqué a ellos y, a regañadientes, lo miré a los ojos. Su expresión era vacía, sus ojos fríos y fijos en mí. Me aparté de él y rápidamente me dirigí al sacerdote. Hoy celebramos la unión de dos almas, unidas por el amor y el compromiso. El matrimonio es un vínculo sagrado, una promesa de apoyarse mutuamente en las alegrías y los desafíos de la vida. Es un camino que requiere paciencia, comprensión y compasión. Pero también es un camino que puede brindarnos una felicidad y una plenitud inmensurables. Al presenciar la unión de Alexa Cross y Ethan Bruce, tomemos un momento para reflexionar sobre el poder del amor y la belleza del compromiso. El amor no se trata de cuántas veces digas “te amo”, sino de cuánto lo demuestres. El matrimonio no se trata solo de las palabras que decimos, sino de las acciones que realizamos. No se trata solo de las promesas que hacemos, sino de las que cumplimos. La verdadera prueba de un matrimonio no está en los buenos tiempos, sino en los difíciles. Es en esos momentos de adversidad cuando realmente vemos la fuerza de nuestro amor y nuestro compromiso. Recordemos que el amor no es un sentimiento, sino una elección. En palabras del poeta Rumi: «El amor es el puente entre tú y todo». El matrimonio es un puente, una conexión entre dos personas que trasciende el mundo físico. Es una unión espiritual, la unión de corazones y almas. Al presenciar la unión de esta pareja, recordemos que el amor es un puente que nos conecta no solo entre nosotros, sino con algo más grande que nosotros mismos. Seamos agradecidos por el amor que tenemos en nuestras vidas y celebremos el amor que se comparte. Para concluir, quisiera ofrecerles una bendición a los recién casados. Que su amor sea un faro de luz que los guíe incluso en las noches más oscuras. Que sus corazones permanezcan unidos, latiendo al unísono. Que sus días estén llenos de alegría y risas, y sus noches de pasión y deleite. Que su amor resista el paso del tiempo y siga creciendo y floreciendo con el paso de los años. Que siempre recuerden el amor que los unió en este día y que los acompañe en los años venideros. Amén. Mi mente divagaba hasta que llegó el momento de leer nuestros votos. «¿Aceptas, Ethan Bruce, a Alexa Cross como tu legítima esposa, para tenerla y conservarla, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en lo bueno y en lo malo, mientras ambos viváis? ¿Y prometes amarla, honrarla y cuidarla, en las buenas y en las malas, mientras ambos viváis?» Sus ojos se posaron en mí, su expresión se endureció aún más. Tragué saliva, negándome a mirarlo a los ojos. «Sí, lo hago», dijo finalmente con voz gélida mientras me tomaba la mano y me ponía el anillo. —¿Aceptas, Alexa Cross, a Ethan Bruce como tu legítimo esposo, para tenerlo y conservarlo, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en lo bueno y en lo malo, mientras ambos vivan? —me preguntó. Apreté los dientes, aparté la mirada y me quedé mirando el anillo que debía entregarle. Si digo que no, ¿me dejarán ir o me obligarán a decir que sí de todos modos? Dudaba que me dejaran ir, así que dije lo que se esperaba que dijera de todos modos. “Sí. Sí, lo hago”. —Los declaro marido y mujer —dijo el sacerdote, mirándonos alternativamente a él y a mí. Cerré los ojos, temiendo sus siguientes palabras—. Ahora puedes besar a la novia. Sin dudarlo, Ethan me atrajo hacia él, con una mano en mi mejilla y la otra alrededor de mi cintura, mient ras estampaba sus labios contra los míos, dándome un beso largo e intenso.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD