CONTINUACIÓN CAPITULO I

1054 Words
“Sofía, mija, ¿ya te levantaste? Creí que te quedarías dormida más tiempo, después de la fiesta de anoche. Camila te llevó muy tarde a casa”, dijo su madre con una sonrisa tierna. Camila. La palabra resonó en su mente como un trueno. La fiesta de anoche… recordó que era la fiesta de cumpleaños de una amiga común, y fue en esa noche que Sebastián la había pedido oficialmente como novia. Habían bailado toda la noche, él le había dado un ramo de rosas rojas, y ella había aceptado sin dudarlo, emocionada y creyendo que había encontrado el amor de su vida. Miró el calendario que estaba colgado en la pared: 15 de septiembre de 2019. Siete años antes de su muerte, justo en el momento en que había comenzado su relación con Sebastián. El deseo que había expresado en su último suspiro se había cumplido: había renacido, había vuelto atrás en el tiempo, y ahora tenía la oportunidad de cambiar su destino. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, pero esta vez no eran lágrimas de dolor o de ira, sino de esperanza. Su madre se acercó rápidamente a ella, preocupada. “¿Qué pasa, mija? ¿Te sientes mal? ¿Es por la resaca? Te dije que no bebieras tanto tequila con Camila”, dijo doña Elena, abrazándola con fuerza. Sofía la correspondió, aferrándose a ella como si su vida dependiera de ello. Había extrañado tanto el abrazo de su madre en esos últimos meses de enfermedad, cuando la mujer había llorado a su lado sin poder hacer nada para ayudarla. Ahora tenía la oportunidad de estar con ella, de cuidarla, de vivir los años que se le habían robado. “No, mamá, no es eso”, dijo Sofía, secándose las lágrimas con la manga de su pijama. “Solo estoy feliz de estar aquí, contigo.” Después de tomar un poco de café y pan, Sofía se fue a su habitación y cerró la puerta con llave. Se sentó en la cama y empezó a pensar con claridad. Tenía que planificar cada paso con cuidado para evitar cometer los mismos errores del pasado. Primero: no podía aceptar la propuesta de Sebastián. En el pasado, había sido tan ciega por el amor que no había visto las señales de alerta: cómo él siempre quería que ella dejara de lado sus amigos y sus metas para centrarse en él, cómo criticaba sus decisiones sin motivo aparente, cómo poco a poco la había aislado de su familia. Segundo: tenía que alejarse de Camila. Saber que su mejor amiga la había traicionado de esa forma era un dolor profundo, pero ahora tenía la oportunidad de evitar que esa amistad dañina continuara. En el pasado, Camila siempre había estado cerca, pero también siempre había tratado de copiarla: se compraba las mismas prendas de ropa, iba a los mismos lugares, incluso se interesaba por los mismos hombres. Ahora entendía que no era una casualidad. Tercero: tenía que cuidar su salud. En el pasado, había empezado a fumar en la universidad por presión de Camila, que decía que era “cool” y que ayudaba a relajarse. Había fumado durante siete años, y los médicos habían dicho que era la causa principal de su cáncer. Esta vez, nunca pondría un cigarrillo en los labios. Cuarto: tenía que seguir sus sueños. En el pasado, había abandonado sus estudios de arquitectura para apoyar a Sebastián en su negocio, creyendo que su éxito era también el suyo. Ahora sabía que tenía que construir su propia vida, sus propios logros, sin depender de nadie más. Mientras estaba pensando, escuchó el timbre de la puerta. Luego oyó la voz de Sebastián, sonriendo y saludando a sus padres. “Buenos días, doña Elena, don Carlos. Vine a ver a Sofía. Quería hablar con ella sobre algo importante”, dijo él con esa voz encantadora que en el pasado la había hecho derretirse. Sofía sintió cómo su cuerpo se tensaba, cómo el recuerdo de la almohada sobre su rostro regresaba con fuerza. Pero luego cerró los ojos, respiró hondo y se dijo a sí misma: “Esta vez será diferente. Esta vez soy yo quien controla el juego.” Se levantó de la cama, se miró una vez más en el espejo y sonrió. No era la misma Sofía que había aceptado la propuesta de Sebastián hace siete años. Ahora tenía la sabiduría de los años que había vivido, el dolor de las traiciones que había sufrido y la determinación de construir un futuro mejor. Caminó hasta la puerta, la abrió y se dirigió hacia la sala, donde Sebastián estaba de pie, sosteniendo un ramo de rosas rojas exactamente igual al que le había dado en el pasado. Cuando la vio, su rostro se iluminó con una sonrisa que antes habría considerado el más bello del mundo, pero ahora veía en él solo falsedad y calculación. “Hola, Sofía”, dijo él, acercándose a ella con el ramo extendido. “Espero que te encuentres bien después de la fiesta de anoche. Quería hablarte de algo que me ha estado preocupando desde hace tiempo…” Sofía se detuvo a un metro de distancia, sin aceptar las flores. Miró directamente a sus ojos, y en su mirada había una firmeza que Sebastián no esperaba. “Hola, Sebastián. Sé de qué quieres hablar. Y la respuesta es no.” CAPÍTULO 3: EL PRIMER PASO El rostro de Sebastián se quedó inmóvil por unos segundos, como si no hubiera entendido bien lo que Sofía acababa de decir. Luego, la sonrisa volvió a su cara, aunque esta vez se veía un poco forzada. “¿No? Sofía, cariño, seguro que no me escuchaste bien. Quería preguntarte si querías ser mi novia. Nos llevamos bien desde que nos conocimos, y creo que tenemos mucho futuro juntos”, dijo él, intentando acercarse un poco más para tocar su mano. Pero Sofía se alejó ligeramente, manteniendo la distancia entre ellos. “No, Sebastián, te escuché perfectamente. Y la respuesta sigue siendo no. No quiero ser tu novia, y no creo que tengamos ningún futuro juntos.” En ese momento, entró Camila en la sala, con una sonrisa amplia en su rostro. Llevaba el mismo vestido que se había puesto en la fiesta de an...
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